Madrid: la campaña más asquerosa de la democracia

Puede que a los más cafeteros de la agitación electoral la campaña por Madrid les levante el ánimo y altere las pulsaciones, pero a la mayoría de la ciudadanía, que aspira a que la política no le complique la vida e incluso les arregle algún problema, el desarrollo de la campaña electoral les llevará al desánimo y el desengaño; a desconectar. Y quedan cuatro semanas ¡28 días! de campaña a cara de perro, con candidatos que perciben que un último escaño atribuido (dos ya que la Asamblea es par en asientos) será determinante para otorgar gobierno.

El discurrir de la campaña merece el calificativo de asqueroso (que produce repulsión y asco, según el diccionario), por cuanto los argumentarios se centran en la descalificación de los adversarios con brocha gorda, con groserías manifiestas. El análisis somero de la mayor parte de las declaraciones no tiene pase, si los medios aplicaran un mínimo criterio de solvencia no imprimirían esas frases que solo buscan excitar pasiones. La reciente irrupción en la campaña madrileña de Salvador Illa, aparentemente mesurado y tolerante, descalificando al gobierno madrileño de Ayuso por incompetente e insensible, dan la medida del nivel mínimo para descalificar; de eso para arriba. Algunos deben sentirse a sus anchas con esas maneras, prolongan los debates asamblearios de las facultades más ventiladas; pero para otros, los propicios a la metafísica y el diálogo razonado, la campaña debe hacerles sentir como perdidos en una selva que desconocen y que les desasosiega.

La pandemia ha entrado de lleno en la campaña electoral como no podía ser de otra manera, es el asunto que preocupa a los ciudadanos, pero no discurre por la pedagogía, la formulación de políticas alternativas, el traslado de confianza y esperanza a la ciudadanía, sino que trata de excitar las pasiones, la indignación y el exceso. Todo lo que promueve el adversario está mal, entre equivocado y perverso. Ni una gota de autocrítica o de cautela. En resumen: asqueroso.

Y hay razones para estimar que los 28 días que quedan solo van a acentuar el extravío. Las encuestas dicen que habrá una alta participación (75% según el CIS), que los electores están movilizados por la tensión de la campaña; y como estímulo apuntan esas encuestas que los bloques van empatados, aunque el traslado de votos a escaños es dudoso- No obstante la experiencia catalana del pasado noviembre apunta que la polarización en vez de movilizar desalienta.

Algunos votarán por castigar al odiado contrario, buscan reacción más que adhesión. Pero no van a faltar los que se queden en casa por asco, por desenganche. El próximo 5 de mayo, con los datos sobre la mesa se podrán extraer conclusiones sobre la efectividad de este modo de hacer política que puede haber llegado para quedarse.