De Reagan a Biden ¿el gobierno es el problema o la solución?

El eje del discurso y legado de Reagan (1981-89) fue la desregulación, la privatización, la idea de que el gobierno es el problema y el mercado la solución. Reagan desreguló menos de lo que se dijo, no redujo el déficit y el gasto público, pero bajó los impuestos. Redujo el gobierno, pero solo un poquito. Pero el discurso caló y convenció a muchos, creó escuela. La doctrina Reagan tropezó finalmente con la crisis financiera de 2008-13 y ahora con la recesión de la pandemia. Ahora nadie se atreve a decir, en serio, que el gobierno es el problema, sino que debe ser la solución. El gobierno norteamericano salvó la industria financiera (y la del automóvil) el año 2008 y ahora tiene que salvar la economía en su conjunto. Y nadie pone peros mayores.

Biden ha puesto en marcha en sus primeros cien días el mayor programa de estímulos de la historia, hasta 1,9 billones de dólares y acaba de proponer otro programa de semejante cuantía para reactivar la economía incluyendo inversiones federales para renovar capital público físico y humano (educación y sanidad). En este caso el plan llega emparejado una reforma fiscal que aumenta los impuestos, que es anatema para los republicanos; muchos de sus senadores y congresistas han jurado que nunca aprobarán subidas de impuestos.

Lo que pocos sostienen ahora es que hay que apartar el Estado de la intervención económica; sus manos ya no son tan sucias como pretendían algunos. Son más los que sostienen que al Estado le toca llegar donde el mercado no alcanza; debe sustentar el buen funcionamiento del mercado, corregir sus fallos conocidos y acompañar a innovadores para materializar sus ideas.

El mejor ejemplo lo empezó dando Trump (quizá a su pesar) cuando comprometió fondos federales mil millonarios en dólares para alentar la investigación farmacéutica para lograr en el menor plazo posible vacunas contra el COVID; no solo la investigación hasta dar con alternativas eficaces, también recursos para fabricar rápido y de forma masiva que es un factor tan crítico como dar con la vacuna.

Biden, el que parecía adormilado, está desplegando unas políticas públicas federales que se colocan al novel de las de sus predecesores Roosevelt (1932) y Johnson (1964) para salir de la Gran recesión el primero y construir la Gran Sociedad el segundo. Frente a la estrategia neokeynesiana, socialdemócrata de Biden, los republicanos resisten con el viejo mantra del Gobierno como problema aunque buena parte de sus bases comparten la estrategia demócrata, a la vista de los resultados.

Casi un millón de nuevos empleos en marzo reducen la brecha que abrió la pandemia hace un año; del 14% (abril de 2020) al 6% de paro registrado este mes otorga un aval de alta calidad a Biden; lo que los norteamericanos mejor entienden es que hay trabajo disponible, que el sueño americano no ha muerto.