La vacunación acelera… y confunde

Vacunación y fondos europeos son los dos asuntos capitales que penden sobre la sociedad española que tiene que hacer frente a los problemas críticos: la pandemia y la recesión. Contra el virus vacunas y contra la recesión, inversiones y subsidios financiados por la Unión Europea. Lo demás son distracciones que no resuelven problemas, más bien les agudizan. Los debates y movimientos en torno a las elecciones madrileñas, los avatares del candidato Iglesias, la patada en la puerta de fiestas ilegales y resistentes a la autoridad… son fruslerías que pueden tener consecuencias lamentables y penosas, pero que en ningún caso contribuyen a la tranquilidad y prosperidad de los ciudadanos.

La vacunación es la operación más importante en este momento y compromete al gobierno de España, responsable de la provisión de viales, y a los gobiernos autonómicos a los que toca administrar esos viales con eficacia, seguridad y orden. El resultado de todo ello debe ser confianza y el fracaso sería dramático. Hasta ahora la llegada de vacunas ha estado sometida a indeterminación, no llegan ni en las cantidades, ni en los plazos anunciados y comprometidos con los fabricantes. El primer trimestre acaba con unas entregas que se quedan a la mitad de las esperado.

A favor de la operación está la promesa de que las entregas entran esta semana en fase de aceleración tanto por parte de los actuales proveedores como de los que están a punto de iniciar el suministro una vez obtenidas las licencias preceptivas. La ministra de Sanidad, que es más asertiva y precisa que su predecesor, insiste en que el nuevo trimestre, que empieza mañana, compensará los retrasos del trimestre anterior y permitirá alcanzar el objetivo del 70% de vacunados antes de que acabe el verano. Las señales que llegan de Bruselas y de las propias farmacéuticas adveran las expectativas de la ministra.

La segunda parte de la ecuación se refiere a la administración de viales encomendado a las Comunidades Autónomas que actúan conforme a criterios generales (grupos de vacunación preferente) y a sus propias decisiones adaptadas a las circunstancias de cada momento, en función de la disposición de viales.

En principio hay capacidad sobrada para citar personas y aplicar las vacunas (primera y segunda dosis) hasta alcanzar los objetivos previstos si los suministradores cumplen. Además, la operación goza de pruebas rotundas de eficacia ya que en aquellos segmentos de población a los que se ha aplicado la vacuna la mortalidad se ha reducido de forma drástica lo cual alienta a los dudosos.

El problema ahora radica en la credibilidad de la selección de los segmentos de la población que deben vacunarse y en trasmitir a las personas razonable seguridad sobre cuándo y cómo serán citados. La imprecisión, ansiedad, angustia sobre si serán llamados, si alguien se va adelantar, si no están en las listas… genera recelo, desconfianza y tensión y afecta al buen fin de toda la operación que es demasiado importante como para que llegue a fracasar.

Trasladar seguridad en vez de confusión es una condición necesaria para que una operación tan relevante como ésta genere confianza, autoestima y credibilidad; más aun en momentos tan líquidos e inciertos como los actuales.