Madrid bajo la disciplina del 5%

El denostado sistema electoral español (proporcional corregido por el sistema Hont) aplicado a Madrid como distrito único, produce unos resultados casi exactos en cuanto a proporcionalidad, idéntico porcentaje de escaños y votos, sin prima a los más votados. Una característica que resta interés a las coaliciones para mejorar el resultado por pérdida de restos. Por eso la idea de unificar derechas o izquierdas tiene mucho de gesto retórico, teórica movilización de ilusión de la base (tesis Iglesias para sumar otras izquierdas). La unificación o coalición viene después, con los resultados en la mano.

Los resultados de 2019 concluyeron con seis grupos en la Asamblea (tres a la derecha y tres a la izquierda) que sumaban el 98% de los votos emitidos, de manera que porcentajes de votos y de escaños se ajustaron con diferencias de más/menos uno. Una proporcionalidad muy precisa que supone que todos los votos pesan y miden lo mismo. No es eso lo que ocurre a nivel nacional donde suman 52 elecciones distintas, las de provincias muy diferentes con ponderaciones que hace que el voto en Soria pese mucho más que el de Madrid.

Pero la proporcionalidad casi exacta en Madrid tiene una exigencia que limita la viabilidad de las candidaturas: un mínimo del 5% para entrar en el reparto. Un requisito que desalienta candidaturas extravagantes o con poco seguimiento. En las elecciones de 2019 una veintena de candidaturas menores que sumaron el 2% de los votos quedaron excluidas al no alcanzar ese 5%.

El requisito del 5% es el que lleva a Pablo Iglesias a implicarse personalmente en la campaña por Madrid. El año 2019 la candidatura de Podemos y sus aliados de Izquierda Unida alcanzaron el 5,6%, al borde de la exclusión, y las expectativas para ese grupo para la actual convocatoria no son esperanzadoras para ellos.

Unidos Podemos corre el riesgo de desaparecer en Madrid lo cual sería fatal para la coalición. Reintegrar al grupo de Errejón que obtuvo el 15% de los votos y escaños el año 2019 a la marca Unidos Podemos es estratégico para Iglesias. A falta de integración el subóptimo es debilitarles para superar la exigencia del 5%.

Quedarse por debajo de ese porcentaje tanto para Podemos como para Ciudadanos (y para sus aliados mayores) es determinante. Ese 5% garantiza 7 escaños que si no se alcanzan se reparten entre los adversarios. Si Podemos no alcanza el 5% esos siete escaños pueden ir a PP (3 o 4), Vox (1 o 2) y PSOE (1 o 2). Y algo semejante puede ocurrir con Ciudadanos si se materializa la pérdida de votos que apuntan las encuestas.

De manera que las elecciones del 4 de mayo se dirimirán en torno a esos 5% de los partidos menores. Las referencias a 2019 están desfasadas, las preferencias de hoy son distintas y más que pueden cambiar a lo largo de las próximas siete semanas. Aun van a producirse algunas sorpresas de peso semejante a la irrupción de Pablo iglesias en estas elecciones imprevistas.

El carácter del debate que acompaña a la campaña es extremo, polarizado, desmedido, con consecuencias incalculables en un electorado en su mayoría va de harto a desmotivado y fatalista. En cualquier caso el resultado del 4 de mayo tendrá consecuencias políticas de ámbito nacional.