Y Gabilondo en medio

Ángel Gabilondo es persona con criterio, con ideas asentadas, propenso al razonamiento y la lógica y extraño en el pandemónium (lugar de mucho ruido y confusión) político español. Por lo que sabemos hoy concurrirá a las elecciones madrileñas del 4 de mayo (faltan 45 días) como cabeza de lista de los socialistas. En las elecciones de mayo su lista fue la ganadora (27% de los votos y 37 escaños de 132). Pero no logró sumar una mayoría suficiente, lo hizo el PP (22% y 30 asientos) aliado con Ciudadanos (19% y 20 escaños) y apoyado por Vox (9% y 12 asientos). Una mayoría débil, 68 votos frente a 64 de la izquierda.

Todos esos datos son ahora irrelevantes. Dos años de gobierno y de vaivenes en casi todos los partidos, propician ahora un mapa político distinto e imprevisibles. A seis semanas de la cita en las urnas no están definidas ni las coaliciones, ni las listas, ni nada. Hoy, mañana, pasado pueden producirse vuelcos en el tablero. Por eso los analistas lo tienen difícil ya que la realidad es muy cambiante.

El PP de Madrid, encabezado por Díaz Ayuso propone una campaña sometida al binomio: comunismo frente a libertad. Y al otro lado, el candidato sorpresa Pablo Iglesias sostiene que la alternativa es fascismo versus democracia. Los otros actores de la oferta electoral, empezando por el PSOE, quedan fuera ese escenario polarizado hasta la náusea.

El binomio comunismo-fascismo funcionó hace cien años y fracasó rotundamente tras la más penosa guerra de la historia. Hoy carece de sentido, ni los de Podemos traen el comunismo, ni los de Vox, y mucho menos el PP, apuestan por el fascismo. El uso de calificativos sonoros, redondos y descontextualizados solo enfangan el debate político y desmovilizan al electorado no fanatizado.

Entre medias de esos ruidos aparece el metafísico Ángel Gabilondo, incapacitado para navegar en esas aguas. Si tenemos en cuenta el perfil ideológico de los votantes, ratificado en todas las encuestas, ambos extremos (comunismo-fascismo) son muy minoritarios. Sin embargo el debate dominante discurrirá con esas referencias, muy populistas, muy llamativas, muy de la televisión-espectáculo.

Si Gabilondo aparece asombrado, quizá confundido, ante el espectáculo, Pedro Sánchez, líder indiscutido de los socialistas, lo ve todo previsible, como normal, útil a sus pretensiones de ocupar la Moncloa sin más objetivo que seguir allí.

La confrontación política por Madrid se sitúa muy alejada de la centralidad europea y añade asombro y recelo por la deriva política española instalada en el más inestable de los multipartidismos a la europea. Si a eso añadimos el cronificado mapa catalán el resultado es una España alejada de la centralidad, de la previsibilidad, y de la estabilidad tan recomendable en medio de una doble crisis como la actual, de pandemia y de recesión. Bismark tenía razón, España es un país muy correoso, aguanta pruebas extremas.

Los pronósticos para lo previsible este año no contemplaron nada de lo que ocurre estos días, ni como cisne negro o rojo. En medio Gabilondo, un metafísico tranquilo y jubilado.