Gestionar las coaliciones tiene su arte

Maquiavelo advertía al príncipe que tan difícil como conquistar los reinos era conservarlos y enriquecerlos. En realidad, casi todo es difícil en esta vida, más aún en estos tiempos líquidos, inciertos y ansiosos. Conquistar el reino pasa por armar una coalición para derrocar al anterior (moción de censura) y más tarde lograr un acuerdo para investir un gobierno de coalición con insuficiente mayoría en el Parlamento.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias consiguieron el objetivo de conquistar el reino para componer un gobierno con ambos como protagonistas principales, aunque uno monta más que el otro ya que es el que tiene la última palabra y es dueño de sus silencios. La medicina del silencio se utiliza para gestionar los tiempos que es una de las facetas más sutiles de la política. Sánchez está ahora gestionando el silencio, aplaza una cita oficial, reconocida, con su vicepresidente aunque nada apunta que mantengan silentes sus teléfonos o a sus colaboradores más próximos.

Conscientes de que gestionar la coalición no sería fácil ambos partidos articularon procedimientos formales e informales para mediar y solventar diferencias. Además de reuniones programadas de los dos jefes anunciaron comités de enlace y coordinación y mecanismos en líneas de puntos mediante conversaciones de la fontanería de cada dirigente. Fontanería que tiene acreditada efectividad en materia de relaciones personales. Buena prueba es que la negociación para renovar el CGPJ avanza mejor cuando se ocupan los discretos fontaneros.

Los mecanismos previstos de enlace no están funcionando, las discrepancias entre los dos partidos de la coalición son crecientes y aumentan ante cada nuevo problema (sobre todo los no previstos) salta a escena. De esto a que se rompa la coalición hay mucho trecho. A ninguno le interesa romper, entre otras razones porque no tienen alternativas y el riego de un adelante electoral les resulta inasumible.

En materia de coaliciones efectivas los más expertos son los alemanes; Merkel ha gobernado con cuatro gobiernos de coalición que han funcionado bastante bien y garantizado la estabilidad. Siempre dedicaron mucho tiempo a pactar la coalición, la concretaron en documentos minuciosos a los que dedicaron meses. Hasta doscientos folios ocupó alguno de esos documentos de la coalición para prevenir conflictos y discrepancias. Luego la realidad trajo problemas no previstos, pero como tenían aprendida la lógica y la retórica de la coalición, se evitaron desacuerdos fatales.

Aquí PSOE y Unidos Podemos pactaron un programa de gobierno que ahora esgrimen los minoritarios a cada rato. Fue elaborado con mucha rapidez y poca experiencia. Un corta/pega de intenciones insuficientemente desarrolladas ni concretadas. Ahora cada acuerdo desvela discrepancias a la hora de concretar; por ejemplo con la política de viviendas en alquiler o con las leyes de igualdad. Dedicaron poco tiempo a imaginar las discrepancias y las alternativas y ahora les estallan en la cara y no aciertan a gestionarlo.

Conquistar el gobierno no fue fácil, mantenerlo es aun más complicada y engrandecerlo puede rozar lo imposible.