Sobre la calidad de la democracia española

El portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique . EFE/Fernando Alvarado/Archivo |

Las desavenencias del gobierno de coalición forman parte de la naturaleza de las cosas, no podía ser de otra manera; no es noticia, lo novedoso sería la ausencia de desencuentros. Pablo Iglesias y su corte son protagonistas principales de las desavenencias, pero no hay engaño, forma parte de sus intenciones, lo que siempre han predicado, su visión del mundo y de la política. Pedro Sánchez lo sabía antes de amigarse con Pablo iglesias, lo advirtió en público durante la campaña electoral con palabras gruesas (“no dormiría tranquilo”) y ahora lo gestiona con paciencia y displicencia al servicio de sus intereses.

A los dos partidos de la coalición les va bien la desavenencia mientras la controlen; Iglesias mantiene vivo su radicalismo y Sánchez pone en valor una retórica moderación socialdemócrata. De esta forma mantiene sus bases electorales tal como acreditan las encuestas. Uno de los últimos desafíos de Iglesias se refiere a la calidad de la democracia en España. No dice nada nuevo, su discurso siempre ha sido crítico, su modelo de democracia no es el europeo sino el autoritario de otras latitudes, de Rusia a Venezuela, de Turquía a Argentina.

No le falta razón a Iglesias cuando denuncia las deficiencias de la democracia española y su deriva desde hace unos años, pero no es por lo que él pretende, más bien por lo contrario. Iglesias se queja porque la democracia no discurre por donde él quiere, por un modelo más intervencionista y autoritario, por más concentración del poder (pretende el poder no el gobierno), por más facultades para controlar todos los poderes y también la sociedad incluidos los medios de comunicación. Su propuesta pasa por controlar los precios, por domesticar los otros poderes del Estado. Sánchez no llega tan lejos pero no le hace ascos al control y a la ocupación del espacio público.

La transición, con la Constitución como punto de partida y referencia sentó las bases de una democracia a la europea, abierta y pluralista. Pero el modelo se ha ido deteriorando con el paso de los años y los sesgos autoritarios e intervencionistas han ganado mucho espacio durante la última década. Un sesgo que afecta a todos los partidos que gobiernan tanto nacionales (PP) como autonómicos (PNV, catalanistas…). Todos desdeñan el control, la transparencia, el dar cuentas de sus actos y acentúan la ocupación de las instituciones. Y todo eso significa deterioro de la calidad de la democracia.

Iglesias tiene razón en el diagnóstico, en la denuncia, aunque sea por lo contrario de que pretende y predica.