¿Podrá el PP sobrevivir a sus penas?

El circo que gira en torno al resentido Bárcenas que actúa en sede judicial supone un bombardeo sobre el Partido Popular que amenaza su supervivencia. Pudiera no ser soportable una exposición en los medios como la que padece el PP-Casado, a cuenta de su pasado, que puede durar semanas, incluso meses y años por el número de causas y casos pendientes de enjuiciamiento. Demasiado desgaste continuado con pocos apoyos y adversarios de todo tipo, que se disputan los eventuales despojos. A Pablo Casado se le nota frío, determinado, pero también desencajado y bastante solo. A su favor tiene que nada de lo que obra en autos judiciales se puede achacar a su gestión durante los últimos dos años. Pero también factores que pesan demasiado en su contra.

La aparición en escena de Enrique López, juez en excedencia y militante y dirigente del actual PP, es bastante circunstancial y no muy relevante, su actuación como intermediario de contactos personales cuando no era dirigente del PP solo debería afectarle a él mismo, que como magistrado de la Audiencia Nacional debería haber sido más cauteloso incluso con los amigos. Pero López nunca ha sido cauteloso y su sinuosa trayectoria entre la judicatura y la política acarrea consecuencias.

Los adversarios del PP reclaman algo que va más allá de una refundación del partido conservador que pasaría incluso por un cambio de siglas y de sede, que es como una destrucción por años. No parece que esa sea una hipótesis asumible para el actual equipo del PP, pero tampoco es descartable. De hecho su propia historia, su origen, parte de la refundación del primer partido conservador de la democracia, la Alianza Popular que concitó a exministros del franquismo, los llamados “magníficos”, que sufrieron un varapalo en las primeras elecciones democráticas.

Fraga pilotó el tránsito de la Alianza Popular al Partido Popular absorbiendo amplios restos de la UCD que fundó Suárez como partido centrista que, en realidad, era una amplia coalición de ideologías y familias que iban de la democracia cristiana conservadora a la socialdemocracia. La mayor parte de la UCD se unió al nuevo Partido Popular y una minoría al PSOE.

El PP, primero con Fraga y luego con Aznar, construyó una mayoría conservadora muy amplia que entró en crisis por la abúlica gestión de Rajoy que recibió un partido unido y desgastado y dejó un partido más desgastado y desunido. A Pablo Casado le toca salir de esa abulia y fracaso anterior, al tiempo que asumir el coste de los errores anteriores, especialmente los de la etapa eufórica, cuando disfrutaron de mayorías absolutas. Una reconstrucción muy complicada, en circunstancias muy adversas, cuyo desenlace aun no se ha escrito.

Son razonables las dudas sobre la supervivencia del PP, en sus siglas y sede, pero nada está escrito. Otros partidos pasaron por circunstancias semejantes y unos sobrevivieron (PSOE) y otros desaparecieron (Convergencia o el Partido Comunista) reencarnados en otras especies más radicales.