Condonan la deuda… y ¿Cómo sigue?

Un centenar largo de economistas de varios países proponen la condonación de las deudas públicas suscritas por el Banco Central Europeo como medida para la salida de la crisis. La reacción inicial de portavoces del BCE ha sido clara. Ni es legal ni es útil. Desde los gobiernos, todos deudores, no se conocen pronunciamientos ni en favor ni en contra. La propuesta no parece que vaya a tener recorrido, las condiciones no tienen muy buena prensa por los conflictos que plantean (¿a quién? ¿en qué proporción? ¿con qué condiciones?) Muchas preguntas con difícil respuesta.

Algo semejante se planeó en el caso griego hace unos años, partiendo de una consideración razonable: Grecia no será capaz de pagar esa deuda en la vida. De hecho hubo moratorias, condonaciones parciales, canjes por otros títulos, ventas a pérdidas… pero la deuda griega sigue viva aunque adormecida. Otros países que fueron rescatados por distintos procedimientos y grados (Portugal, Irlanda, España…) amparados por tipos irrelevantes (coste casi cero) han gestionado esas deudas amortizando incluso con anticipación para liberar algunos compromisos incluidos en los contratos de préstamo.

Una propuesta de ese tipo requiere muchas explicaciones y una lista larga de compromisos para los deudores perdonados que éstos pueden rechazar por ser peor el remedio que la enfermedad. Al margen de ese punto el tema de fondo es ¿Cómo sigue tras la condonación? Porque el problema de una deuda radica siempre en su origen que no es otro que el déficit. Y una deuda crónica, monumental, viene después de un largo período de déficits financiados con créditos, con deuda.

La deuda cronificada es la fiebre que revela una infección, el déficit. Poner el contador a cero exige que no vuelva a ponerse en marcha, no supone barra libre. ¿Están ahora los países endeudados en condiciones para comprometerse a no acumular nuevos déficits, es decir nuevas deudas? No parece que éste sea el mejor momento para consolidar las cuentas públicas, en medio de una recesión intensa cuando todos los expertos recomiendan gastar, endeudarse, sostener el sistema productivo.

Cancelar la deuda, condonarla, no es una buena señal para que los acreedores sigan prestando a los malos pagadores. Es una respuesta lógica condonar llevaría a estrechar el mercado de préstamos, incluidos los bancos centrales que, aunque gocen de independencia, tienen que someterse a normas y tratados que no contemplan estas ocurrencias.