Foristas y bajistas se hacen daño

Cuando los movimientos bursátiles escalan a los titulares, a los noticiarios, suele ser por algo patológico, sucesos asombrosos que incluyen pasiones. El último acontecimiento es el que estos últimos días ha confrontado a “bajistas” con “foristas” dos especies de jugadores en los casinos de los mercados bursátiles. Los unos, los bajistas, ya conocidos desde hace años, los otros, los “foristas” recién llegados como justicieros frente a unos privilegiados abusones.

El relato incorpora el mito del heroico David frente a Goliat o la leyenda del justiciero Robín Hood que robaba al rico para repartir a los pobres. Con esos mimbres llegar a los titulares es bastante sencillo. Si seguimos la historia más allá del estallido de unos días y unas cuantas incursiones guerrilleras, llegaremos a conclusiones que apuntan lecciones y algunos incentivos para reformas que den algo de seguridad y confianza en esos mercados, siempre volátiles e insidiosos.

Los llamados bajistas, que en esta historia suelen aparecer como los abusones, son una especie inteligente nacida para detectar, aprovecharse y señalar fallos de mercado, errores de apreciación sobre el valor de algunas cotizadas. Los bajistas ejercen como los canarios en la mina, advierten que hay riesgo de explosión. En su caso detectan compañías sobrevaloradas, y apuestan contra sus precios comprando al día y vendiendo a futuro con la expectativa de que van a caer porque se trata de compañías en retroceso. En su defensa está ese carácter de “avisadores”. Y no son pocas las veces que han cumplido, que han anticipado desastres previsibles, justificados. Pero también se han equivocado con efecto perverso ya que han complicado la vida a compañías que no lo merecían, que han sobrevivido (o no) al señalamiento. Pero por el camino cada raid bajista ha provocado ganadores y perdedores, los unos ingenuos y los otros enterados que han salido bien librados o perjudicados, que de todo hay experiencias.

Por el camino los bajistas se han dotado de instrumentos poco inocentes que alientan consecuencias a veces perversas. Por ejemplo los bajistas suelen pedir en préstamo acciones a depositarios de las mismas que cobran una comisión por la cesión temporal de esos títulos. Quién es el titular efectivo no cuenta, la comisión la cobra el depositario y el titular puede no enterarse que sus acciones han sido prestadas a un tercero. El procedimiento tiene riesgos, agujeros, opacidad; y esto último siempre es peligroso ya que propicia abusos y ventajas que van en contra del espíritu del mercado y la leal competencia. Corregir ese agujero no es complicado: la medicina se llama trasparencia y autoridad.

El otro riesgo que traen los bajistas tiene que ver con el abuso de mercado, con la manipulación de los precios. Con pocos títulos aunque con suficiente potencia de fuego (presión vendedora) los bajistas pueden imponer sus pretensiones en corto plazo y destruir valor y confianza en su propio beneficio bajo el principio de que “ande yo caliente… ríase la gente”. Para prevenir este caso existen leyes y reguladores para advertir abusos y castigarlos.

Frente a los bajistas aparecen ahora unos justicieros imprevistos, los “foristas” que utilizando el potencial de las redes sociales crean movimientos de reacción contra los bajistas de manera que donde estos pretenden rebajar el valor de un título éstos hacen lo contrario, comprar masivamente para revalorizar. Unos y otros operan en los márgenes de la manipulación de precios, intereses contrapuestos a muy corto plazo que se resuelven con ganadores y perdedores, siempre con estrépito.

Ganan siempre los “avanzados”, de una u otra familia, los que inician los movimientos y sus campañas y pierden los “rezagados” los que se apuntan cuando las apuestas ya ha empezado; compran y venden a destiempo. Los primeros suelen ser los avezados, los segundos los pardillos. Les hay en una y otra familia. Sin perder de vista que los foristas también pueden jugar a bajistas.

A los reguladores corresponde ordenar el tráfico, evitar los abusos y castigarlos cuando son palmarios. Bajistas y foristas cumplen una función, visibilizan pasiones y tendencias. También producen daño porque lo suyo es corto plazo, anticipación e indiferencias antes las consecuencias buscadas y no buscadas.