¿Gana Messi lo que cobra?

Esteban Urreiztieta ha desvelado en EL MUNDO el último contrato de Messi que cubre el período 2017/21 y se ha armado Troya. El beneficiario y el pagador se sienten traicionados, aunque no saben por quién, y amenazan con recurrir a los tribunales. Lo tienen difícil, denunciar al diario es ridículo, salvo que el contrato sea falso o amañado, lo cual no parece probable. El periodismo está para desvelar lo que alguien quiere ocultar, en este caso un contrato que se quiere esconder no tanto por discreción o intimidad, que también, cuanto por el riesgo de escándalo.

Me parece que hay pocas dudas de que el público, y muy en concreto los socios del Barcelona, tienen derecho a conocer los contratos de los futbolistas estrella, personajes públicos, admirados y denostados según preferencias. Los firmantes tienen derecho a callar, pero con el riesgo de que los contratos se conozcan en su integridad. El pecado no está en la publicación, todo lo contrario; puede estar en la poca diligencia a la hora de guardar la confidencialidad, pero eso corresponde a los firmantes y custodios, que son varios, quizá demasiados como para que alguien caiga en la intención de desvelar la pieza por razones diversas, que hasta pueden ser entendibles y convenientes o vaya usted a saber.

El contrato es espectacular y bien merece un profundo análisis del caso en sus aspectos jurídicos, económicos, morales… se trata de un contrato singular y extraordinario. Habrá otros de estrellas del espectáculo equivalentes con una complejidad similar y también con capacidad para escandalizar. Un contrato para estudiar y copiar por sus minuciosos detalles.

Para los aficionados más entusiastas, que no son pocos, Messi es dios (como lo fue Maradona) y está exento de culpa, mácula o responsabilidad. Cualquier precio es correcto porque las satisfacciones que les ha dado son infinitas. Para los más flemáticos y distanciados el contrato es escandaloso, inmoral. En realidad se trata de un caso de libro sobre el concepto de precio y valor que es uno de los enigmas de la ciencia económica.

¿Cuál es el precio correcto? Confucio apuntaba que el precio de tu casa es el que tu vecino esté dispuesto a pagar por ella. ¿Cuánto estaban dispuestos a pagar por Messi algunos vecinos, otros clubes ricos, hace cuatro años? Probablemente tanto o más de lo que aparece en el contrato, de lo que de hecho ha cobrado Messi. De manera que el precio de ese talento único puede ser imponente según los deseos y potencialidad de los exclusivos pagadores.

La otra cuestión es si el precio pagado por el futbolista es rentable para el pagador. ¿Cómo medirlo? Por un lado cabe hacer el análisis de rentabilidad de semejante inversión, no es un ejercicio sencillo pero en esta vida todo es medible y el rendimiento de Messi para el Barcelona se puede medir. No estaría de más que el club encargue ese trabajo, si es que no lo tiene, ya que acreditaría la prudencia y el sentido común de los dirigentes que aprobaron y firmaron semejante gasto. No es probable que dispongan de ese informe, entre otras razones por las emociones que implica el manejo de esos contratos.

El otro argumento a la hora de estimar precios es la satisfacción obtenida. Eso se nota en las subastas de arte, ¿Cuánta satisfacción y cuánta rentabilidad obtiene el comprador de una pieza maestra? Puede ser incalculable en dinero.

En el caso de Messi hay una referencia de comportamiento interesante, la del Real Madrid presidido por Florentino Pérez, un empresario cuidadoso, experimentado, aunque esté picado por el virus del fútbol como pasión. En su caso dejó ir a Cristiano por precio y por otras razones más complejas. Y puede que ahora vuelva a hacer lo mismo con Sergio Ramos.

El contrato de Messi da la medida del club y de sus dirigentes, sobre todo cuando cuatro años después están al borde de la quiebra técnica y financiera; y además caninos de títulos. En cualquier caso cada cual tiene su opinión y Hacienda feliz porque ha sido la primera beneficiada por ese contrato.