Biden, ¿debe ser canonizado?

Hacia finales del pasado siglo, cuando el banco Popular era el mejor banco del mundo por propio mérito, la prestigiosa escuela de negocios francesa INSEAD publicó un caso sobre el banco Popular para sus cursos de gestión financiera titulado ¿debe canonizarse el Popular? Tenía su punto de ironía el título por el hecho de que al Popular se atribuía cierto carácter religioso por la estrecha vinculación de su presidente Luis Valls-Taberner al Opus Dei. El caso estaba buen trabajado y aunque no hurtaba tropiezos (el caso empezaba con el fraude de “Pepe el del Popular”, un director de oficina de Santander que había timado al banco y a sus clientes) tampoco escatimaba elogios a la gestión del banco a su eficacia y rentabilidad. Dos décadas después el Popular no solo no era canonizado sino que se salvó de la quiebra por la intervención de la entidad de resolución del BCE y la audacia del Santander para quedarse con el banco por un euro y 7.000 millones adicionales y frescos desembolsados de inmediato.

Viene a cuento esta historia por la llegada de Biden a la Casa Blanca recibida por buena parte de la opinión pública mundial con cataratas de entusiasmo por sus primeras decisiones y sus palabras el día de “inauguración”. Incluidos los aplausos de los periodistas de la Casa Blanca ante el tono de la primera conferencia de prensa y los elogios editoriales y de no pocos comentaristas. También hay críticas desmedidas de fanáticos de Trump (que también les hay entre los comentaristas españoles) que califican a Biden de atolondrado, corrupto y otras lindezas gratuitas. Pero el tono general es de canonización.

Quizá lo mejor de Biden es que es un tipo normal, con experiencia pero poco carisma, de manera que la canonización parece muy prematura; como en su día lo fue el otorgamiento del premio Nobel de la Paz a Obama que no venía a cuenta y que le hizo más daño que provecho.

Biden tiene que hacer frente a una crisis de reputación, autoridad y calidad democrática como nunca ha sufrido la república norteamericana. Crisis institucional, crisis sanitaria, crisis social y crisis económica. La pandemia ya ha producido más muertos que la II Guerra Mundial y que todas las guerras posteriores en las que se ha embarcado la potencia hegemónica.

De manera que Biden, católico practicante, aspira a llegar al cielo con una buena hoja de conducta cuando comparezca ante San Pedro, pero la canonización necesita un desempeño excepcional, ejemplar y con buenos resultados. De momento ha conseguido reunir un equipo de calidad que empieza a pasar las audiencias en el Senado con aprobaciones mayoritarias y rápidas. Además ha tomado dos docenas de decisiones ejecutivas que merecen buena valoración en términos generales y que deben producir efectos positivos inmediatos si se ejecutan bien, pero los más sencillos son los primeros pasos, los problemas llegan a continuación para complicar cualquier intento de canonizar de súbito.