Pablo tira de la cuerda, Pedro aguanta

El hilo que une a Pedro y Pablo, los dos mandamases de la política española actual, está tenso, ambos lo mantienen así para que ni decaiga ni se rompa. Les interesa a ambos y sus parroquias lo entienden. De Pablo Iglesias hay que reconocer que no ha engañado, que hace lo que dice y sostiene lo de siempre aunque con las matizaciones necesarias. Si hace cinco años quería jubilaciones a los sesenta y salida del euro ahora su posición es más pragmática y realista, pero nada ha cambiado respecto a la Transición (mal), la Constitución (regular), la forma de estado (república, sin entrar en detalles), los referendos de autodeterminación (a favor)… De Pedro no podemos decir lo mismo ya que sus posiciones son cambiantes, retóricas, y polisémicas.

Ambos constituyen la clave de bóveda del gobierno con voluntad de durar hasta agotar la legislatura e incluso más si pudieran. Su ruptura es inevitable, forma parte de la naturaleza de la política, y ellos lo saben; la cuestión es cuándo, cómo y porqué. Y esas incógnitas las despejarán ellos cuando les interese.

Pedro considera que a su favor está que es el jefe, que dispone del botón rojo de una crisis del gobierno para desahuciar a los de Pablo y, probablemente, convocar elecciones. Esa es su fortaleza y Pablo lo sabe. Pero éste calcula que a Pedro no le interesa apretar ese botón. Mientras le tantea, incluso le provoca para tensar el hilo sin romperlo, calculando la resistencia.

Cuando Iván Redondo que, de momento es el que susurra en el oído de Pedro, dice que se lleva muy bien con Pablo, que son muy amigos, es como para pensar qué quiere decir y a quién. Primero por aquello de “dime de que presumes y te diré de qué careces; y segundo por lo innecesaria de la declaración.

Pablo es bastante claro, reitera sus posiciones y no se amilana, Advierte que lo de las pensiones, como lo imaginan Escrivá, Calviño y Bruselas, no va a ser, no va a llegar al consejo de ministros. Así tira del hilo que sostiene el gobierno, pero sin pasar de lo declarativo, simplemente haciendo ese ruido que tanto incomoda a la vicepresidenta cuarta que tiene que lidiar con el artificioso debate del precio de la luz, sobre el que opina demasiada gente que no tiene ni idea del asunto ni está dispuesto a estudiarlo, prefieren despacharlo a base de mensajes en Twitter. Cuando los españoles están agobiados por una pandemia, que ni cesa ni da cuartel, el debate político (¿llega a ser debate?) ocupa espacio en los medios centrado en distracciones menores que no son ni paja ni grano, ni siquiera polvo del camino.

El hilo que sostiene el gobierno, pese los tirones de Pablo, sigue tenso y firme. Pedro y Pablo lo sostienen sin ganas de romperlo, por ahora.