Conviene que los bancos tengan beneficios

En breve los bancos empezarán a publicar sus resultados del 2020, un galimatías de números que conviene mirar con mucha cautela, no donde ellos apunten sino a lo que oculten. En otros tiempos escondían beneficios por prudencia, ahora necesitan esos beneficios por supervivencia y muchos tenderán a ocultar pérdidas incurridas o por incurrir.

A la economía en general le va mucho en que los bancos no fallen, me refiero a los bancos regulados, a los que tienen que enseñar sus cuentas y están sometidos a vigilancia y supervisión. Aparentemente son empresas privadas, de sus accionistas, en realidad son compañías muy reguladas cuyos márgenes de libertad son estrechos. Si los bancos no funcionan la economía se paraliza y por eso mismo hay que sostenerlos, sobre todo los recursos de sus clientes y el sistema de asignación de esos recursos, el crédito.

Para evitar disgustos las autoridades exigen a los bancos capital, recursos propios de respaldo que pueden obtener por distintos procedimientos, incluida la retención de beneficios como reservas. Algo loable que tropieza con un problema: el capital necesita compensación, retribución, dividendos. Sin dividendos la cotización cae y el capital se encoje. Como consecuencia hay que reponer capital, pedirlo al mercado que no confiará en entidades que no corresponden, que no retribuyen.

Afortunadamente las lecciones de la crisis de 2008 no fueron pocas ni perdidas. Entre los aciertos cuenta la limpieza de balances (no del todo), eliminando malos activos, fallidos y morosos que exigen provisiones a costa del capital. Los bancos españoles están regular de capital, bien de morosidad reconocida y mal de estructura de costes. No se corrigen las deficiencias ni en un día, ni en un año. Lo que mejor les conviene es una economía próspera, crecimiento y ausencia de morosidad. Pero no es ese el panorama que cabe esperar para los próximos meses. Los bancos han prestado con diligencia estos últimos meses con riesgo limitado por los avales del ICO, más de cien mil millones de euros. El futuro de esos créditos es incierto, no conviene apretar las exigencias en plena recesión; aunque tampoco les conviene sostener clientes zombis; tendrán que hacerlo a corto plazo pero a medio y largo plazo puede ser muy peligroso.

Una nueva cadena de morosidad pulverizaría los beneficios (que ya están muy maltrechos), pondría punto final a los dividendos y retroceso a las cotizaciones y los recursos de capital. La cadena concluye con la necesidad de rescates con recursos públicos. Para evitarlo hay que tratar de que los bancos tengan beneficios y satisfagan al capital porque si no ocurre de esta manera la recesión será más larga y más dura. A todos conviene que esos odiosos bancos ganen dinero. Otra cuestión es con qué exigencias de rectificación y revisión del negocio.