Colaterales de la “gran nevada”, retrasa la recuperación

La recuperación en V ha desaparecido del lenguaje oficial, ni siquiera con V asimétrica que fue el eufemismo de Nadia Calviño para poner un poco de agua al vino oficial. La “gran nevada” ha venido a añadir otro chorrito de agua al punto final de la recesión. La catástrofe meteorológica es coyuntural, ocasional, superable, pero produce otro arañazo al crecimiento por la pérdida de actividad y de consumo durante unos poco días. Otra muesca en la curva que se añade a los efectos del crecimiento de los contagios y la permanencia de la pandemia.

En breve el INE y el Banco de España publicarán sus estimaciones sobre el 2020 y las previsiones para el 2021. A la baja, con retraso en la fecha en la que se puede recuperar el nivel de actividad de principios del año 2020. Además crece el temor de un nuevo confinamiento generalizado si la curva de contagios y, sobre todo, la de ocupación de hospitales no toca techo y empieza a remitir. Otro confina miento arruinaría las expectativas del 2021 y, consecuentemente, los supuestos sobre los que están construidos los Presupuestos (principal activo del gobierno) que desde su origen pesaban de un optimismo que rozaba el irrealismo, la voluntad frente a la razón.

La “gran nevada” ha sido un acontecimiento previsto, anunciado por los meteorólogos con anticipación, pero no esperado ni suficientemente prevenido. Ha sido un freno adicional a la recuperación y a la moral de los agentes económicos que ha afectado a más de media España con efectos colaterales en toda ella.

Para algunos vale la excusa del mal de muchos… (consuelo de tontos) a la vista de la evolución de la pandemia en otros países, tanto los que han padecido tanto como España (Francia, Bélgica, Italia y Gran Bretaña) como los que parecían haber salido mejor librados de la primera ola (Portugal, Alemania, Dinamarca, Austria…). A todos va mal, los efectos económicos más agudos son los que sufre la economía española.

La semana pasada el economista Anton Costas sostenía que entre los efectos colaterales de la pandemia a medio plazo notaremos un retroceso de la esperanza de vida, un dato ha mostrado mejora permanente durante los últimos cincuenta años. Al efecto de la mortalidad por la pandemia (más de 80.000 víctimas efectivas el año 2020) habrá que añadir los padecimientos y fallecimientos producidos por una atención sanitaria debilitada que viene retrasando consultas, analíticas, tratamientos… ordinarios con consecuencias perversas a medio plazo.

Los economistas del BBVA advertían en su último informe que a la vista de los primeros datos del 2021 la estimación de crecimiento para este año (el año del rebote tras una pérdida del 11% el 2020) se queda en el 5,5%, dos puntos por debajo de la peor de las hipótesis que sustentan los Presupuestos.

La gestión de la pandemia ha sido de mediocre a mala, la de la gran nevada tampoco es lucida y nada de esto genera confianza.