PRISA y los 300 millones de Amber

A Marcello (pura raza) que tiene acreditado olfato, el nuevo Presidente (en funciones) de PRISA le parece un espectro, un holograma, pero el sujeto existe y actúa, lo ha acreditado despidiendo a los dos últimos primeros ejecutivos de PRISA que sigue siendo una de las principales empresas editoras de España; ya no es líder por volumen de negocio ni de beneficios, pero sigue gozando de indudable influencia internacional y local, especialmente por el impacto que tanto El País como la que produce en los dirigentes políticos y en la base electoral y la militancia socialista.

El presidente (en funciones) de Prisa hizo declaraciones interesantes a su diario el domingo para presentarse en sociedad y empezar a destapar sus cartas. El argumento central es claro y contundente: no he invertido 300 millones de euros como para no ocuparme del negocio; lo que quiero es ganar dinero. La declaración de intenciones es de lo más lógica y creíble. Amber, el fondo que gestiona Joseph Oughourlian, ha apostado mucho dinero en Prisa (hasta el 30% del capital), lo hizo hace ya cinco años y a lo largo del tiempo solo ha cosechado decepciones. Tiene dos opciones, darlo por perdido e irse con la música a otra parte o, alternativamente, ocuparse de revertir la situación. En ello está aunque se a aplazo, en 2017 consiguió deshacerse de Juan Luís Cebrián (pieza clave en el desarrollo de Prisa, en su brillante primer cuarto de siglo (1976-2001) y en sus desastrosos quince años posteriores. El caso PRISA es digno de estudio, por su extraordinaria creación de valor inicial y la destrucción posterior.

Oughourlian fue la mano que meció el despido del consejo hace tres años y el encargo a Javier Monzón de reestructurar el grupo para lograr rentabilidad y valor. Nada de eso ha ocurrido en este tiempo, las pérdidas son permanentes, la deuda no se reduce y los accionistas son llamados a nuevas ampliaciones de capital para sostener el grupo. Así que el primer accionista ha decidido pasar a la segunda fase de intervención, es decir a dar la cara y gestionar para recuperar lo perdido.

Prisa tiene tres problemas fundamentales: el primero es una propiedad incompetente, que lo que busca es salir del negocio recuperando lo que pueda. Segundo un balance imposible, a finales de 2019 sus fondos propios eran negativos por más de 400 millones y una deuda de 1100 millones de euros con varios bancos, algunos de ellos accionistas desesperados y demasiados implicados en el negocio. Tercero una cuenta de resultados que trimestre tras trimestre registra pérdidas, es decir que gastan más de lo que ingresan. Las sucesivas ventas de activos apenas sirven para reducir la deuda y suministrar liquidez para mantener el negocio.

Son tres problemas graves por cada uno de ellos y todos juntos pueden ser insuperables. A cambio el grupo cuenta con un negocio interesante en materia de educación (Santillana internacional) que producirá este año 350 millones de ingresos con resultados positivos antes de amortizar la deuda que le corresponda. Y un negocio influyente de medio con marcas reputadas (aunque en retroceso) en prensa y radio que este año aportará algo más de 300 millones de ingresos con pérdidas apreciables.

Para que Amber-Oughourlian recuperen esos 300 millones, que hoy tienen valor contable de cero (y un valor potencial indeterminado en función de lo que paguen posibles terceros interesados), hay que reestructurar el negocio de arriba abajo (empezando por arriba) y luego construir un nuevo modelo de negocio en el que trabajan con demasiado retraso. En resumen sorber y soplar en un sector atormentado, agitado y sometido a máxima tensión. Para eso hay que poner más dinero, mucha gestión renovada, acierto y algo de suerte.

Al fondo queda el Gobierno y los políticos, siempre interesados en neutralizar el periodismo incómodo. Pero esta es otra historia, a la que Marcello anda muy atento.