Mensaje del Rey: apocalípticos, integrados y mediopensionistas

Casi once millones de audiencia obtuvo el rey para su mensaje navideño; más de veinte cadenas de televisión trasmitieron en directo el cuarto de hora que duró la alocución, con TVE como referencia para un tercio de la audiencia. El mensaje más escuchado de la historia y uno de los más largos, unos pocos minutos más que los anteriores.

Las reacciones políticas la mensaje son las previstas, para unos un desastre, son los apocalípticos que quieren desterrar al Rey y lo que significa. Las respuestas de independentistas y comunistas de nueva ola cumplieron el guion de rechazo sin sombra de duda o elogio a ninguna de las palabras de Felipe VI. Para otros un acierto, los integrados que no van a regatear elogio al Rey y que refuerzan su apoyo a la vista de cómo atacan los adversarios.  Finalmente quedan los mediopensionistas, los del “SI… pero” o “NO… aunque, que critican con mesura y sostienen que el formato es antiguo y que el rey debería arriesgar un poco más o que no se sienten representados aunque las palabras del Rey sobre la pandemia y los problemas que implica fueron sentidas y atinadas.

Pablo Iglesias, que ha incorporado a su estrategia política como uno de los ejes principales la crítica a la monarquía, advierte a la derecha que no le hace favor al rey defendiéndole a ultranza; pero no se percata de que con su crítica y desprecio a esa misma monarquía contribuye a que los vacilantes se inclinen a favor de Felipe VI.

Esto último no es una opinión, más bien un dato a la vista de la evolución de las encuestas; si hace pocos meses la opción republicana (sin detallar que tipo de república) ganaba por unos puntos, sin superar la mayoría, a la actual monarquía, este mes hay una rectificación apreciable con una mayoría (cerca del 60%) favorable a la monarquía constitucional y a Felipe VI.

Los nacionalistas independentistas (en torno al 15% del electorado) nunca van a mostrarse favorables a la monarquía y a la Constitución porque el rechazo  forma parte de su objeto de ser, de su forma de entender su proyecto. Con hipocresías como la de los indepes catalanes que denuncian la corrupción intrínseca de la Corona mientras esconden la corrupción acreditada del gobierno catalán, el del 3% (o más).

Otro tanto ocurre en una buena parte de la izquierda anclada en la revisión de la Guerra (in)Civil y su ensoñación de una República que nunca existió, ni la primera ni la segunda que han conocido los españoles en el siglo XIX y en el XX. Otra parte de esa izquierda, socialistas e incluso algunos comunistas, son accidentalista respecto a la forma de gobierno y toleran y hasta apoyan una monarquía constitucional y democrática como es la española.

Otro dato (no opinión)  es que a los españoles la cuestión monarquía-república les importa bastante poco, no forma parte de su lista de preocupaciones, ni siquiera en los momentos más bajos del prestigio de la Casa Real.

Finalmente merece la pena tener en cuenta que el mensaje del rey es de difícil hechura, sufre del riesgo de pasarse o quedarse corto, de generalizar, de incurrir en tópicos y cursilería… teniendo en cuenta todo ello las palabras del Rey fueron mesuradas, integradoras, sentidas y consideradas. Probablemente inútiles, pero han cosechado más aceptación que rechazo, con mediopensionistas más cerca de los integrados que de los apocalípticos.