Habla el Rey… causa (no) finita

Quizá más que nunca antes muchos españoles estarán atentos al discurso-mensaje navideño del Rey mañana por la noche. Unas palabras que anteceden a la cena de la llamada “nochebuena” que merecen comentarios previsibles de los dirigentes de todos los partidos y comentaristas de todas las familias. Incluso antes de que se pronuncie el Rey hay quien ya sabe lo que dirá y quienes intuyen lo que van a decir unos u otros, los de “a favor” y los de “en contra”, diga lo que diga.

Este año las palabras del Rey tienen especial interés por lo personal, por el contexto, por lo que deslice sobre su padre y los otros asuntos que preocupan a la ciudadanía. Hay menciones obligadas en ese mensaje, pero también apreciaciones que sirven para pesar y medir al personaje. El debate sobre la forma de estado Monarquía-República no goza de audiencia reconocible por más que algunos grupos parlamentarios (en torno a un tercio del arco parlamentario) lo han colocado entre sus prioridades por razones diversas, los indepes porque debilitar la modelo constitucional y la figura del Rey va bien a sus objetivos y los radicales populistas de derecha e izquierda porque está en la naturaleza de su discurso.

El dilema es menos binario de que pretenden sus promotores, ya que hay que calificar la propuesta: ¿Qué monarquía?, ¿Qué república? Sobre la primera cuestión la respuesta es conocida: la monarquía constitucional. La segunda está más abierta: ¿el modelo francés, el norteamericano, el alemán, el italiano, el portugués… ¿Y me quedo solo con los europeos que se asientan en la democracia representativa y parlamentaria. Entre esos cinco modelos hay diferencias apreciables que conviene ponderar antes de elegir; pero de eso se habla poco.

De momento el tema solo interesa en ámbitos reducidos, en la superestructura política. Además, a pesar de todo, de las horas bajas del anterior rey, la valoración de la institución en todas las encuestas sin ser excelente es bastante mejor que la de todos sus adversarios. Una reciente encuesta de Metroscopia (de este mes) concluye que Felipe VI goza de un 74% de aprobación (en el punto más bajo, hace dos años tenía el 57%). Solo los votantes de nacionalistas y podemos (25% del censo) desaprueban al Rey. La mayoría de los encuestados (58%) consideran que lo que se cuestiona no es la institución sino el comportamiento del anterior titular. Esa es la tesis del Gobierno, en concreto de Sánchez que en esto está con la mayoría.

Las palabras de Felipe VI serán escrutadas, ponderadas y juzgados en el fondo y en la forma, incluidos los énfasis y las miradas. Habrá algo que saltará de inmediato a los titulares y al ruido de las redes, no necesariamente lo más relevante. Felipe VI es persona seria, prudente y realista. Siempre ha sabido escuchar y contenerse; está educado en esa disciplina y es muy consciente de que su futuro depende de la utilidad del desempeño de su función.

Hablará el rey pero la causa no está cerrada, determinada porque estamos en un sistema deliberativo y abierto donde cada cual tiene su opinión y puede expresarla como le pete, incluso de forma grosera y ofensiva. Quien no puede hacerlo es el Rey que debe ser contenido, inteligente y pragmático. También sincero y honrado, es decir ejemplar.