La flexibilidad en la afiliación, el fraude del fin de semana

Parece que el Ministro de la Seguridad Social ha descubierto ahora el fraude moral (legal, pero fraude) de las bajas de fin de semana. Se trata de algo bien conocido que se refleja cada fin de semana en las estadísticas y que se conoce como consecuencia perversa de un sistema que quiere ser muy flexible para blanquear todo tipo de contratación, incluidos los trabajos por horas o por días. Un tema viejo de difícil arreglo que el Ministro dice que va a abordar de inmediato.

Ya que ha decidido plantear el problema en público, algo que insisto es conocido desde hace tiempo, lo útil sería que nos hubiera iluminado mínimamente con la solución y sus alternativas. No lo ha hecho, solo ha dicho hay un problema y que se va a ocupar. El planteamiento es pobre y oportunista mientras no haya alternativas.

Los datos globales de contratación nos dicen cada mes que hay millones de contratos, la mayoría, hasta el 90%, contratos temporales por días o semanas. A una misma persona le pueden hacer decenas de contratos en un mes para el mismo trabajo y muy similar. Unos hechos que desmerecen el valor del número de contratos.

Es obvio que el sistema de Seguridad Social funciona bien y permite el alta y la baja de un trabajador para un solo día con abono de la cuota correspondiente. Y no faltan empleadores, especialmente en empresas pequeñas, que dan de alta a un empleado eventual el lunes y cursan la baja el viernes y así sucesivamente. De esta forman se ahorran la cotización de dos de los siete días (28% de ahorro) que no es margen desdeñable.

Una solución sería prohibir altas con menos de siete días de vigencia, lo cual eliminaría el fraude del fin de semana. Se trata de una respuesta inmediata que puede tener consecuencias perversas, entre ellas la ampliación del mercado opaco a la Seguridad Social. Un desincentivo al blanqueo de cotizantes. Otra medida sería penalizar los contratos temporales de corta duración (menos de siete días) de manera que tuvieran que pagar un recargo. También tiene efectos perversos porque no es fácil colocar un inspector para vigilar cada contrato.

Lo que el ministro pone sobre la mesa es la perversidad de la temporalidad que, seguramente, es el problema laboral más grave y determinante de nuestro infierno laboral: el sistema con peor desempeño en la OCDE: un problema que va más allá de las altas de cinco días (o menos) con baja para el fin de semana. Detectar dónde está el problema, ir al fondo del mismo, forma parte de la solución. El ministro ha tirado un piedra en al agua para hacer olas, la duda es si detrás hay una estrategia, voluntad política para resolver problemas más allá de agitarlos.