Tarjeta amarilla de la OCDE

OECD Conference Centre Entrance, New 50th Logo/Banner 31st January, 2011 Paris, France |

La apuesta política del gobierno Sánchez-Iglesias está decidida: aprobar los Presupuestos 2021 con la mayoría de izquierdas e independentistas, esperar que las vacunas pongan punto y aparte a la pandemia y a la depresión económica y confiar en una recuperación vigorosa en V, con los fondos europeos, a partir de 2022 para enfilar las elecciones del 2023 con garantías para ganar repetir el modelo y reformar el estado.

El informe de la OCDE sobre las perspectivas económicas para España no ve tan claro el esquema, no vislumbra la recuperación tan cercana (2022), ni tan vertical, como aspira el gobierno. Al mismo tiempo un informe del Banco de España con datos de la Central de Balances advierte de los riesgos de insolvencia de un buen número de empresas a medida que venzan los créditos contraídos durante estos meses para garantizar su supervivencia, aunque no su viabilidad a medio plazo. El riesgo de las empresas zombis sobre el que viene advirtiendo el gobernador del banco de España en sus frecuentes intervenciones públicas aparece como una de las amenazas para el futuro. La otra es el incremento del gasto público y del déficit que, antes o después, obligará a un severo programa de consolidación que en estos momentos es inoportuno, contraproducente, pero que habrá que aplicar en su momento, quizá en vísperas electorales. La tostada suele caer por el lado de la mantequilla.

Del informe de la OCDE lo más inquietante es que coloca a la economía española a la cola de las europeas, la del peor desempeño y perspectivas. No solo hay que conseguir domeñar los datos también las expectativas, la percepción de los agentes económicos y más en concreto de las autoridades comunitarias, las cancillerías, y los analistas financieros (agencias de rating e inversores) no es favorable y eso pesa y cuesta.

Para el gobierno los Presupuestos 2021 son su arma de recuperación. Tienen razón, así debe ser. Pero unos Presupuestos fallidos pueden producir todo lo contrario. Los Presupuestos van a ir bien de votos, muchos votos y muchos de ellos averiados por pactos que comprometen cuestiones extrapresupuestarias. Pero van mal de avales y credibilidad. El sustrato de partida de los Presupuestos está ya desfasado antes de su aprobación y el sesgo de los gastos comprometidos tiene el carácter de gasto corriente con bajo multiplicador para la recuperación.

Los de Bruselas y los analistas lo saben y van a observar y analizar la ejecución presupuestaria con esmero y rigor. Además de los Presupuestos el otro aspecto de vigilancia es la fortaleza del gobierno, la estabilidad institucional del país, la coherencia y pertinencia de los objetivos y de la agenda política.

La agenda de la mayoría que sustenta el gobierno y los Presupuestos encaja mal con la credibilidad y la confianza de los socios europeos y de los acreedores internacionales. Las declaraciones de los socios del gobierno apuntan avatares de inestabilidad para el 2021 que afectan al entramado institucional y constitucional. Desde luego que los momentos de debilidad del Estado son propicios para que sus adversarios impongan condiciones, pero también es obvio que esa debilidad puede conducir a juegos de perdedor-perdedor en los que todos saldrán malparados. La OCDE ha sacado tarjeta amarilla, un aviso. Lo que no está claro es que algunos se hayan enterado tan emocionados como están por sus avances estratégicos.