Dos mentiras: ni expolio ni paraíso fiscal

Esta semana pasada ha sido “presupuestaria”, con mucho debate amañado, desordenado y plagado de trampas. Lo que ha pasado más desapercibido es la ejecución presupuestaria de los diez primeros meses de año conocida hace pocos días. Mala ejecución, las desviaciones son apreciables, del orden del 10%, con efectos perversos sobre el déficit de este año. Pero esto es agua pasada. Lo peor es que el sesgo que muestran los ingresos que afecta al futuro, al 2021, a los del Presupuesto Sánchez-Iglesias y otros. El primer problema de ese Presupuesto, libro de cabecera de Sánchez a los españoles para salir de la crisis, es que fallan los cimientos antes de empezar. Las previsiones en las que se asientan (cuadro macro y estimaciones de ingresos) son poco creíbles. De hecho solo se las crean los que bendicen el proyecto. El tiempo dirá lo acertados o errados de esos trascendentes Presupuestos.

Pero de paso, y en el albur de los Presupuestos, se ha colado el debate sobre la armonización fiscal autonómica, alimentado desde el independentismo catalán y desde el gobierno Sánchez. El tema de fondo es quebrantar el modelo fiscal madrileño para el que los populares optan por la moderación tributaria en los aspectos de su competencia.

El argumento de independentistas y Sánchez es que Madrid ha creado un paraíso fiscal, algunos de sus animadores que calentar el debate califican de “agujero negro fiscal“. La tesis es tan falsa como aquella del “expolio fiscal” que sufren los catalanes por la codicia de los españoles. Un argumento que hizo fortuna en la etapa previa del “proces” que ganó crédito entre catalanes emocionados. Entonces era falso y ahora lo es mucho más, ahora son los catalanes los que más reciben de España (por ejemplo pensiones y financiación privilegiada).

Que Madrid haga dumping fiscal (un delito) ya no lo sostiene ni la ministra de Hacienda que suele ser muy abierta y atrevida de juicio y opiniones. No hay dumping, una mentira. Y tampoco hay paraíso fiscal. El gobierno de Madrid, en uso de su autonomía, utiliza los márgenes de fiscalidad que la legislación le otorga, tanto en impuestos propios o cedidos (patrimonio, sucesiones, donaciones, trasmisiones y actos jurídicos) como en el IRPF autonómico. Lo mismo que hace Madrid lo pueden hacer las demás autonomías de régimen común (el caso vasco, navarro o canario pertenecen a otro ámbito). Si no lo hacen es por propia voluntad.

El otro argumento complementario es el del factor capitalidad que pretende que Madrid tiene una ventaja objetiva por ser la capital de España. Una tesis muy discutible y que no sirve para sostener ni el dumping ni el paraíso. Ser la capital tiene ventajas e inconvenientes, puede ser oportuno un debate sobre el asunto, pero no significa problema ni prioridad para los problemas fiscales que sufre España que son muchos, urgentes y graves.

El debate sobre el paraíso fiscal madrileño es inmoral, tramposo y extravagante. La irrupción en el mismo de catalanes independentistas y vascos nacionalistas es tan significativo como insidioso. Lo más grave es que el Presidente del gobierno entre al trapo y sustente la tesis mentirosa. En el pecado lleva la penitencia, convertirá a Díaz Ayuso en la defensora del alcázar madrileño. Con los problemas fiscales que tiene España aventar este debate es una irresponsabilidad, otra más.