Relevo en la CNMV, un test de calidad

El Gobierno debería renovar este mes por mandato legal, el consejo de la CNMV; uno de esos organismos técnicos que requiere independencia, profesionalidad y larga distancia del partidismo. La cosa va mal,. Aunque se trata de un acto previsto, programable, la ministra responsable, la de Economía, no se ha ocupado del asunto o solo se ha ocupado para animar al actual presidente a no intentar la renovación del mandato que por una vez está prevista en la legislación. La empuja a irse pero nos e ha ocupado de seleccionar sustituto. A la ministra corresponde proponer un nombre y al gobierno aprobarlo.

Por calendario tocaba en noviembre, pero no será. Como el mandato vence sin que esté prevista la interinidad (al estilo de otros organismos como el CGPJ...) el gobierno aprobará una chapuza legal (de las habituales) para extender excepcionalmente el mandato del actual presidente. Otra manera más de restar calidad y seriedad a las instituciones, incluidas las más visibles para los agentes económicos nacionales y multinacionales.

La ministra está obligada por ley a designar a una personas de “reconocida competencia” y prestigio, es decir que sepa que son y cómo funcionan los mercados y, sobre todo, regularlos. Tarea nada fácil que tropieza con intereses de parte y lobista de todo pelaje que buscarán las vueltas al regulador para capturarle a su favor. Un regulador serio, reconocido, respetado es un activo para la calidad de la democracia y el prestigio de la nación.

Por eso la elección que haga la señora Calviño, con autorización del presidente (y visto bueno del presidente bis que anda a la greña con la vicepresidenta segunda y no perderá oportunidad para menoscabarla), es relevante y significativa. Es un test de calidad institucional y del talante de este gobierno de coalición que aspira a “tomar el control”.

La persona que designe el gobierno (y los que le acompañen en el consejo, vicepresidencia y tres puestos en el consejo) requiere credenciales que no pasan por ser afín, simpático, colega o dócil al gobierno. La duda es si el gobierno sabe nombrar a alguien que no reúna esos requisitos. La decisión es relevante no solo en la apariencia, también pasa por el escrutinio de Bruselas, que no tiene nada que decir, pero que toma nota de cómo actúa un estado miembro que viene llamando la atención últimamente por sus sesgos iliberales poco acordes con la letra y el espíritu de los Tratados.

Entre los 9 presidentes que ha tenido la CNMV en sus 32 años de existencia ha habido de todo: competentes y capaces, dudosos, más independientes, menos independientes, militantes de partido, profesionales reconocidos o no tanto. ¿Qué toca ahora? A la señora Calviño corresponde dejar su huella y no vale la excusa de que lo intentó pero no pudo. Es su responsabilidad., que por ahora se resiste a asumir.