Los de Moncloa, ¿Qué tienen en la cabeza?

Pocas semanas atrás el Gobierno (a través del grupo parlamentario) envió al Congreso una iniciativa para modificar el sistema de elección del Gobierno de los jueces para facilitar la iniciativa del ejecutivo, para obstaculizar la separación de poderes. Eso sí con el argumento de que hay que cumplir la Constitución (renovar el CGPJ) y que la oposición obstruye el cumplimiento del mandato. La iniciativa no disimulaba su carácter torticero, no la activaba el Gobierno mediante un proyecto de ley sino el grupo parlamentario para evitar informes preceptivos de otras instituciones públicas, que previsiblemente serían contrarios, críticos. A los pocos días la iniciativa quedó suspendida (no anulada) a la vista de las protestas, especialmente la de la Comisión Europea.

La semana pasada el BOE publicó una orden de Presidencia del Gobierno con un procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional que encomendaba a un nuevo comité formado por altos cargos del Gobierno vigilar la desinformación. Las protestas han sido generalizadas aunque leído el procedimiento tiene muchas letras y poca chicha, esta última está en las intenciones.

Las dos iniciativas carecen de recorrido, ambas tropiezan con la letra y el espíritu de Constitución y es muy poco probable que pasen el escrutinio del constitucional si alguien con capacidad promueve una denuncia al efecto. Pueden pasar el visto parlamentario, es cuestión de sumar aliados y satisfacer sus demandas. Pero sería difícil superar el control constitucional.

Lo más probable es que el Gobierno puso en marcha ambas iniciativas para advertir o amedrentar a sus adversarios, a la oposición o a los medios informativos, de una forma más o menos explícita. Casi todos los gobiernos pasan por tentaciones semejantes, especialmente en lo que atañe al limitar el espacio de la crítica en los medios, siempre molesta para el poder político que tiende a verla excesiva, desmedida. Todos los gobiernos pasan por ese trance pero lo soportan, tienen a la contención, sobre todo porque alguien les advierte que es peor el remedio que la enfermedad.

Mi pregunta hoy es ¿Qué tienen en la cabeza los de la Moncloa, autores de ambas iniciativas para ponerlas en marcha? Ambas han tenido alguien al que se le ocurrió, “alguienes” que lo discutieron, alguno que escribió los textos, otros que los revisaron y algunos asesores que analizaron oportunidades y riesgos. En resumen muchas cabezas para prevenir y advertir; y evitar, empezando por el Presidente y su primera Vicepresidenta que conocieron (o más) la iniciativa, pero parece que todos estuvieron de acuerdo en que era conveniente para la democracia (y para sus propios intereses) seguir adelante. Insisto, ¿Qué tienen en la cabeza?, ¿Qué convicciones les alientan?, ¿Qué conocimiento y conciencia de lo que son las reglas de la democracia y la división de poderes?, ¿Cómo han aprendido estas mañas?

Más grave que las propias iniciativas me parecen las intenciones, la ideología subyacente y presente y lo que eso significa para todo lo demás. Es obvio que el respeto por la verdad, por los hechos y datos de este Gobierno es moderado, menor que el habitual, más inclinados hacia los hechos alternativos que por la realidad. Lo acreditan cada semana con la evidente intención de tener razón y perpetuarse en el poder. Se deben sentir seguros, coherentes y acertados.