La pandemia extraviada en la nebulosa de lo incierto

La gestión de la pandemia en España será objeto de análisis académicos cuando dispongamos de datos suficientes para alcanzar conclusiones bien fundadas. Los resultados serán de gran interés no ya para exigir responsabilidades políticas (que también) sino para aprender para el futuro. En España las autoridades han tomado buena parte de las medidas alternativas imaginables, para que, a la fecha, nadie está seguro de cuáles han sido efectivas. Es obvio que la higiene personal, la ventilación, las mascarillas y la distancia social son medidas efectivas para evitar la propagación del virus, pero hasta acordar todas esas medidas como correctas pasaron demasiadas semanas.

Durante la primera fase de la pandemia el gobierno optó por la gestión centralizada y para ello facultó al ministro de Sanidad con poderes que ningún ministro había concentrado nunca. Todo era excepcional, inesperado y la respuesta fue también excepcional, pero también improvisado, insuficientemente explicado, confuso y complejo. Aquí se aplicó el mayor de los confinamientos en abril y mayo.

Los resultados fueron decepcionantes, comparados con los de otros países con circunstancias semejantes son de los peores; pésimo desempeños entre los países comparables. Pero hasta ahora no se han señalado y analizado los motivos para esos resultados, ni establecido las causas o las especiales dificultades del caso español.

El gobierno ha postergado el encargo de un estudio independiente y profesional, reclamado por expertos de reconocidos prestigio y aconsejable por sentido común. Tampoco ha asumido errores, ni reconocido que los resultados son mediocres. El discurso oficial, su relato, discurre por la autocomplacencia y la realidad alternativa. Por reconocer no se han asumido ni siquiera los datos de fallecimientos directos y/o provocados por la pandemia. No han acertado ni siquiera a en el conteo.

 

Tampoco hay percepción de que se hayan abordado de forma efectiva los cuellos de botella detectados durante estos meses de pandemia, especialmente la infradotación sanitaria en recursos humanos que sigue pendiente. Empezamos con la convicción de un eficiente sanitario y concluimos que era tan bueno ni tan suficiente.

Ha llegado la segunda oleada, más intensa y extensa que la primera, y la planta sanitaria sigue siendo insuficiente, descoordinada y con riesgo de desbordamiento. La precariedad de los contratos se mantiene e incluso se acentúa. La suerte de la gestión depende más de comportamientos individuales, de la profesionalidad de sanitarios o centros de salud que de una política y una estrategia bien diseñada, consistente y aplicada con firmeza.

Para esta segunda ola de pandemia la respuesta del Gobierno ha sido distinta a la anterior, sin demasiadas explicaciones. Ahora se ha optado por el endoso de la responsabilidad a las Comunidades Autónomas. Mucho menos que esa “cogobernanza” que cuenta el gobierno. Cada comunidad hace lo que estima conveniente con riesgos de legalidad para los que no consigue una respuesta eficaz y suficiente del Gobierno.

 

Unos confinan por días, otros por semanas, alguno por meses, unos restringen, otros establecen toques de queda con uno u otro horarios, en una región se cierran distritos sanitarios, en otros barrios, en alguno ciudades… en resumen una panoplia de medidas desordenadas, confusas que producen más perplejidad que serenidad y confianza. No saben qué hacer, no como convencer.