Iglesias pulsa el temperamento de Sánchez

La historia nos dice que en política las parejas cooperantes tienen utilidad y plazo de vigencia, pero antes o después las pasiones las arrollan para conducirlas al fracaso. Pareja cooperante fue la de Suárez y Abril, eran complementarios, cada cual en su papel, pero ambos con entidad y determinación. Acabó mal porque se dejaron malmeter y por otras razones que no vienen al caso. Felipe y Alfonso son un caso semejante, fueron juntos hasta que los avatares del partido y la política les distanciaron para convertirlos en pareja mal avenida; quizá perdieron ambos. Aznar y Rato no llegaron a ser pareja, en el fondo se repelían, pero con una mayor inteligencia emocional por ambas partes pudo haberles ido mejor, a ellos y a su partido. Rajoy pertenece a otro hemisferio, la pareja era Rajoy con Brey, y los otros personajes próximos: Soraya, María Dolores… eran satélites sustituibles que acabaron con Rajoy.

La pareja ahora son Sánchez e Iglesias, Pedro y Pablo, no son del mismo partido, pero son pareja de gobierno, se necesitan y cooperan en beneficio de ambos. De hecho los dos pretenden anular al otro y ocupar su espacio político o, al menos, la supremacía de la izquierda para consolidar se en el gobierno varias legislaturas.

 

Por eso se echan pulsos a cada rato con la intención de que quede claro el poder de cada uno de ellos. Esta semana toca el pulso de los Presupuestos, como antes ocurrió con el salario mínimo, el ingreso mínimo vital la monarquía, la memoria histórica… y con las otras decisiones del gobierno que le dotan de personalidad y carácter. Se someten al programa pactado para la coalición, pero al margen disputan batallas concretas a cada rato para marcar territorio y acumular fuerza.

 

Son debates que les llevan hacia esa hipotética ruptura, que se producirá algún día bien sea por agotamiento o por fallo de cálculo de alguno de ellos. El temperamento de cada cual, ambos tipos alfas que se ven tan resistentes y hábiles o más que el otro, les llevará a la ruptura incluso por alguna fruslería.

Iglesias quiere sacar adelante el control de alquileres, una vieja bandera populista que aunque está acreditado que funciona mal, que tiene efectos perversos, entra en el catálogo de propuestas que gustan a la gente por lo que tienen de apariencia. El ministro del ramo, que es político en estado puro, no está por la labor porque le han convencido que es una medida equivocada, pero será Sánchez quien determine si asume la medida o desaira al socio. Pelea de alfas, típico juego de la gallina, para ver quién cede antes.

Es pronto para que Sánchez e Iglesias rompan, en común tienen la resistencia y duración del Gobierno de coalición que es objetivo prioritario, el óptimo principal. Pero Iglesias no quiere que Sánchez tienda ningún puente con socios que no forman parte de su universo, no quiere que gane espacio de maniobra por el centro y por eso pone a prueba el temperamento de Sánchez que es resistente, pero también temperamental. Veremos quién cede y cómo cede.