Las cuentas del III trimestre esta semana

El estado de alarma para seis meses (esta vez no quieren cometer el error del desconfinamiento acelerado) a discreción de cada comunidad autónoma trata de sacudirse la responsabilidad de hibernar la economía como ocurrió en abril. El dilema para los políticos es agobiante, susto o muerte, sin controlar el virus no hay economía normalizada, y con depresión el control del virus no es el mayor de los problemas. Hagan lo que hagan carecen de seguridad de que vayan a acertar.

Esta semana el parlamento tendrá que debatir y ratificar la voluntad del Gobierno para dotarse de facultades extraordinarias para cogestionar la pandemia. La aprobación del estado de alarma a largo plazo (seis meses es largo plazo) está garantizada una vez que vascos y catalanes han pedido que así sea, dan sus votos a cambio de que no se imponga el mando nacional y único.

La elección de voto cae ahora del lado del PP de Casado, si apoya el estado de alarma dejará espacio para que VOX ocupe el espacio de la oposición. Y si no apoya le caerá la del pulpo por insolidario y sectario, por dar la espalda a la unidad ante la pandemia. Casado tiene este semana a cuenta del estado de alarma un discurso más complicado que el del pasado jueves.

Entre medias de ese debate los datos económicos esenciales del III trimestre que calcula el INE se darán a conocer: el martes la EPA y el viernes la Contabilidad nacional. Los pronósticos apuntan datos claros de recuperación, en realidad se trata del rebote tras la catástrofe del segundo trimestre, un rebote que aconseja no comparar los datos con el mes anterior.

La situación económica, al margen de esos datos que son importantes, es tan de alarma como la sanitaria. Los “micro” o “semi” confinamientos que habilita la alarma tendrán consecuencias económicas hasta la primavera. De hecho la extensión de la pandemia arruina los avales de la AIREF, y del Banco de España a las previsiones macroeconómicas y presupuestarias que establecían dos condiciones necesarias: primero que no hubiera nuevos brotes y segundo que las ayudas europeas llegaran a tiempo y se utilizaran eficazmente.

Es obvio que hay nuevos brotes y que el horizonte de un control de los mismos se sitúa en el medio plazo, para primavera si las cosas van bien. Con respecto a las ayudas los plazos se dilatan, y crecen las opiniones acerca de que su magnitud es insuficiente, especialmente para el caso español que parte de una posición débil para reforzar los apoyos con sus propios recursos.

La política se va a centrar en el debate sobre el estado de alarma, pero al lado viajan la crisis económica que se complica por semanas y que requiere un consenso político e institucional con la misma intensidad o mayor que la gestión sanitaria de la pandemia.