Censura y el esquilador esquilado

El debate que ha acompañado la fallida moción de censura de Abascal contra Sánchez era innecesario, artificioso, alejado de los problemas que agobian a los españoles. De hecho suponía un estiramiento de los debates que cada miércoles libran gobierno y oposición u oposiciones, porque son varias. Dos días dedicados a “sacudirse la badana” con retórica florida y estéril. Pero el debate ha ido más allá porque casi todos los oradores se esmeraron en dar lo mejor de su facundia.

Abascal mostró todo su muestrario ideológico sin esconder casi nada: derecha dura, populista, extrema, apasionada; una exposición calmada, ensayada, pero sin ocultar rabia y épica; también muchos tópicos y falacias conocidas. La moción era contra el gobierno, pero sobre todo contra Casado que es el enemigo a batir por VOX, el objeto de captura para encabezar esa “derecha sin complejos” con la que sueñan; una derecha intolerante, radical, decidida… pero minoritaria, porque la base social de los españoles sigue estando tan centrada, tan moderada, como hace diez y veinte y treinta años. Los que se han radicalizado son los políticos, que exploran los extremos para sumar seguidores sin apreciar el desarraigo que se traduce en decepción y desafección.

 

Si Abascal buscaba desequilibrar a sus adversarios, a Casado en primer término y de paso a Sánchez, lo que ha conseguido es lo contrario. Tanto Sánchez como Casado tuvieron la tentación de hurtar el cuerpo, de dejar que los golpes de Abascal encontraran el vacío. Esa fue la elección del PNV y de algunos de los grupos nacionalista que proponen establecer un cordón en torno al VOX para aislarlos y excluirlos. Una mala estrategia porque no se puede excluir o aislar un grupo que representa un 15% del electorado y compone el tercer grupo parlamentario. No se les puede excluir hay que confrontar sus ideas y debatir.

 

Eso es lo que hizo Sánchez el miércoles y Casado el jueves Se esmeraron en preparar unas intervenciones fundadas, claras que desarbolaron al presunto candidato. Pablo casado acreditó que es de los mejores oradores de la cámara y, sobre todo, fijó posición con claridad y liderazgo.

La censura era inútil pero ha servido para fijar posiciones, con posibles consecuencias para el futuro. Los cuatro millones de votos de VOX, a los que se refirieron tanto Casado como Arrimadas, forman parte de los objetivos de los dos partidos del centro derecha para mejorar sus posibilidades.

Abascal tendrá que reflexionar sobre .lo ocurrido estos días; puede complicar la vida a los gobiernos minoritarios de Madrid, Andalucía y Murcia, pero eso sería una venganza con consecuencias adversas. Vox no va a desaparecer pero puede ver mermado su caudal de votos empujados hacia el pragmatismo y la utilidad. La censura ha reforzado el liderazgo de Casado y también el de Sánchez; justo lo contrario de lo que pretendía Abascal.