El Rey “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”

Hasta ahora nadie ha aclarado cómo se gestó la intervención del Rey Felipe el 3 de octubre de 2017, respuesta determinante a la insurrección del gobierno catalán y los partidos que le sustentaban y sustentan. El Rey intervino conforme a la responsabilidad que le impone la Constitución en su artículo 56: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…” Intervino porque otros no eran capaces de actuar con la suficiente autoridad y firmeza.

No sabemos cómo jugó ese día el apartado tercero del mismo artículo: “sus actos (del Rey) estarán siempre refrendados…” por el Presidente del Gobierno. Desde luego que Rajoy no se opuso a la intervención del Rey, pero no sabemos si la auspició o la pidió y hasta qué punto intervino en la misma. Algún día lo sabremos.

También sabemos que la intervención causó efecto, alivió a muchos y decepcionó a los revoltosos que nunca le perdonarán que cumpliera con su deber. Como los revoltosos del 23F nunca perdonaron al Rey anterior que liquidara el golpe. Las 670 palabras de la intervención de Felipe VI son irreprochables desde el punto de vista constitucional y democrático. No sobró ni una palabra, quizá faltaron algunas otras, pero eso es discutible.

El alcance de ese mandato de “moderar y arbitrar” es impreciso, opinable, en realidad depende de sus efectos porque bien empieza lo que bien acaba. Lo deseable es que el mandato no tenga que entrar en juego, que la moderación y arbitraje lo hagan los políticos, las instituciones. Determinar cuando no funcionan es arbitrario, imposible tasarlo en una norma.

El sábado durante la entrega de los premios Princesa de Asturias el Rey no arbitró ni moderó, no era escenario para esa tarea papel. Pero se acercó, pespunteó varias ideas fuerza en sus última palabras, pocas pero meditadas y sustanciales. “Hay momentos en la Historia de los Pueblos en los que la realidad nos pone a prueba de una manera difícil, dolorosa y a veces extrema…es necesario que todos hagamos un gran esfuerzo colectivo, nacional, de entendimiento y de concordia… el ejemplo de los ciudadanos nos exige a todas las instituciones estar siempre -ahora más que nunca- al lado y al servicio de los ciudadanos; conducirnos con sentido del deber, con la mayor responsabilidad y con la máxima integridad y rectitud, para que los intereses generales de los españoles sean nuestro norte y nuestra guía.

Es así como la sociedad y las instituciones que la representan se reconocen, se justifican y se comprometen con el mejor porvenir de nuestra nación” Y recurriendo a Galdós concluyó “este tiempo de incertidumbre es más que nunca un tiempo de todos y de cada uno de nosotros. Sigamos recorriendo nuestra historia por los caminos de encuentro con la razón, el respeto…”

Me parece un buen aperitivo de lo que un Rey que “arbitra y modera” podría decir a unos líderes políticos extraviados en otra pandemia, la de la intolerancia y el diálogo fallido. El Rey puede poco (o mucho), está sometido al refrendo del gobierno responsable de sus actos, pero a pesar de todo, en tiempos de tribulación para su familia, es la persona que concita más apoyo de todas las que forman las instituciones.