El PP empecinado en sostener y no enmendar

Aparentemente en el Partido Popular de Pablo Casado están contentos con la sentencia del Supremo que confirma las sentencias del caso Gürtel-Correa, que más bien debe llamarse el de la financiación irregular del Partido Popular. Porque lo que describe la sentencia es cómo un amplio grupo de dirigentes, colaboradores, proveedores del Partido Popular se aprovecharon en su favor (y a veces del propio partido y de sus dirigentes) de tráfico de influencias y financiación irregular.

El argumentario del Partido pretende apartarse de la condena, sostiene que el Partido y su cúpula no están condenados, que la sentencia no es tan grave como dicen sus adversarios. En resumen sostener y no enmendar, no asumir una realidad que es más que incómoda. Un sentencia que ha enjuiciado durante muchos años comportamientos irregulares del partido y en torno al partido que han concluido con muchos años de cárcel para una cuadrilla del partido encabezada por su tesorero.

Una gestión más inteligente de esta crisis desde el primer momento o, al menos, desde otros posteriores, cuando estaban sobre la mesa las pruebas y los testimonios incriminatorios, hubiera mitigado sus efectos o les hubiera acotado en el tiempo y la intensidad. Pero se empeñaron en salir ilesos utilizando procedimientos impresentables que pasaron por presionar a los jueces instructores, a los fiscales, a los testigos, a todos cuantos podían molestar (o ayudar al disimulo).

El resultado final es un desastre sin paliativos que ha desangrado al PP más que ninguna otra causa y ha provocado huida de millones de votantes. Toda la estrategia ha sido equivocada y los efectos no han acabado. Quedan todavía causas pendientes, incluida la que puede acabar con la última cúpula del PP en el ministerio de Interior engordando la lista de procesados y condenados por abusos manifiestos.

¿Cómo confiar los asuntos del común a gentes que tan mal gestionan sus propios problemas? El argumento defensivo de los populares es que otros hacen algo parecido, que es el argumento del mal pagador ya que lo que se enjuicia es su comportamiento, no el de los demás que tiene su propio espacio y procedimientos.

El PP pudo haber asumido en su día una responsabilidad menor (por ejemplo haber compensado los fondos utilizados en la reforma de su sede social) y la sentencia les hubiera salido más benévola. No dieron paso atrás, no reconocieron culpas y errores y han tenido que pagar una factura más costosa y de mayor alcance.

Los jueces de las distintas instancias que han intervenido en el caso lo han hecho con rigor, profesionalidad e independencia. ¡Hurra por ellos!, los que lo han hecho peor que mal son los implicados. Sostenerla y no enmendarla, negar las evidencias, aunque solo fuera para (mal) proteger a los jefes no es rentable. Y la nota emitida por Rajoy para sostener la pírrica posición acredita lo mal que lo han hecho.