El FMI amarga las previsiones oficiales

El arte prospectivo en lo económico, más arte que ciencia, pasa por mal momento, anda lejos de acertar, la realidad arruina la mayor parte de los pronósticos complicando la formulación de políticas eficientes. Con previsiones que no se cumplen diseñar Presupuestos y ejecutarlos se convierte en algo improbable y enigmático. El gobierno prepara unos Presupuestos para 2021, importantes para la credibilidad del país en los mercados, que parten de unos supuestos que pueden ser optimistas en los ingresos y pesimistas en los gastos.

Si la economía tiene durante el 2021 (y lo que queda del 2020) pero de lo estimado los ingresos fiscales serán inferiores a los estimados y los gastos mayores. No es nuevo, la economía española lleva varios años con serios desajustes presupuestarios (casi la mitad del PIB) que comprometen el futuro a medio plazo y restan potencial de crecimiento. A corto plazo apenas se notan los efectos, la mano bienhechora del banco Central Europea tapona los agujeros y aplaza los ajustes, que tienen muy mala prensa porque suelen recaer y perjudicar en el común, en la mayoría que tiene más difícil protegerse.

En la lista de pronosticadores el FMI ocupa unos de los principales puestos, por la cantidad y cualificación de sus expertos que beben en fuentes oficiales nacionales, que les cortejan, y disponen de sus propios recursos y métodos para no dejarse engañar. El FMI formula estimaciones para la economía global y las de los distintos países con carácter anual y revisiones trimestrales. Otro tanto hace el banco de España desde hace unos pocos años y los organismos técnicos de la unión Europea.

El último informe del FMI conocido esta semana, pocos después de que el gobierno publicara su cuadro macro y el techo de gasto para el 2021 es muy desalentador: ve una recesión en España para el 2020 a punto de concluir mucho más pronunciada que la estimada por el gobierno. El FMI estima un retroceso mayor que el del peor de los escenarios oficiales y un déficit público para este año mayor del anunciado.

Lo que estiman los economistas del FMI para España es el peor desempeño de la Unión Europea. Los peores resultados sanitarios frente al COVID19 y la recesión más acusada. Para nada coincide con la visión oficial, con la narrativa del gobierno sobre la crisis que parte de un optimismo que va más allá de una voluntad que huye de la decepción, que minusvalora la gravedad para animar al paciente.

El presidente Sánchez sigue la misma estrategia que utilizó Zapatero antes de su reelección: negar la gravedad de la crisis por si suena la flauta, por si se arreglan las cosas sin asumir las malas noticias. El discurso oficial de la vicepresidenta Calviño (y del ministro Escrivá que pasa como economista de cabecera del gobierno) empezó con la tesis de una recesión profunda pero con rápida salida. Su argumento era que no había daños en el sistema productivo que solo se había parado unos meses y que reanudaría el crecimiento de inmediato, que para principios del 2022 se habría recuperado lo perdido.

Hoy eso ha quedado atrás, en el olvido; la recuperación para el 2023 y más allá; la fase de daños sigue activa y la recuperación se confía a los fondos europeos que no son tantos como aparentan y que pueden tardar en llegar. La previsiones del FMI amargan las estimaciones oficiales pero no van a cambiar el discurso, a la postre se puede achacar la responsabilidad a la obstinación de la derecha, al adversario que no coopera.