Vuelven los abajo firmantes (y hablantes)

Santos Juliá nos legó entre su monumental obra un trabajo exhaustivo sobre “Nosotros, los abajo firmantes. Una historia de España a través de manifiestos y protestas (1896-2013)” (Galaxia Gutenberg 2014, 862 páginas). Trabajo minucioso, completo e inteligente, como toda la obra de Juliá. Empieza con la carta de Unamuno a Cánovas (1896) reclamando perdón al anarquista Pedro Corominas y concluye con un Manifiesto Cívico de julio de 2013 contra la corrupción del PP encabezado por Garzón, Mayor Zaragoza y Almudena Grandes. Entre medias hasta medio millar de “manifiestos de abajo firmantes”  de todo pelaje y condición con las causas más diversas. Manifiestos durante la “Restauración y el directorio militar de Primo (1896-1931)”, la “II República, la Guerra Civil y la Revolución (1931-39)”. “La larga posguerra y el exilio (1939-61)”; la “dictadura de Franco (1961-75)”; “La Transición y la democracia (1976-2004)” y finalmente “en la red, frente a la crisis” (2004-13). Los períodos los eligió el historiador con criterio académico.

Los manifiestos de abajo firmantes menudean con las crisis que cursan con ansiedades y agitaciones sociales. Momentos de confusión que invitan a algunos a esconderse hasta que pase y a otros a manifestarse en defensa de sus ideas y las de otros atropellados por el poder. “Abajo firmantes” suele significa intelectuales, personas significadas que estiman que tienen influencia para cambiar algo, para sostener o derribar.

Estos últimos días reaparecen los “abajo firmantes” con distintos documentos escritos o visuales que trasladan acusaciones y defensas; varios de ellos con voluntad de transversalidad, es decir con personas de distintas posiciones e ideologías que suscriben lo que viene a continuación. Por ejemplo son varios los manifiestos en apoyo del rey Felipe y del sistema constitucional vigente que los abajo firmantes consideran estrechamente vinculado.

Al otro lado se dan por aludidos y tratan de menospreciar el manifiesto con el argumento de que así no ayudan a su patrocinado. Curioso argumento que esconde las ganas de mandar callar a los que piensan distinto. En una democracia, y España lo es por ahora, los manifiestos son gratis, sirven para identificar posiciones, para advertir riesgos y para clarificar. Ayudan a definir los problemas y aflorar debates más o menos explícitos. El retorno de los “abajo firmantes” son como el humo que alerta de la existencia de incendios. Porque incendios hay, aunque pueden estar sobreactuados.

Uno de los últimos manifiestos fue el de las sociedades científicas que a algunos ha molestado por exagerado en las formas (el “no saben” ha escocido) pero que a otros ha entusiasmado. Ese es el  sentido de los manifiestos, alertar, llamar la atención, provocar reacciones. Son más que twit, utilizan más palabras e algunas ideas.