Recuperar el PIB del 2019 para el 2022 o 23

El Gobierno ha servido (con retraso) el preámbulo de los Presupuestos 2021 con dos referencias esenciales: el techo de gasto del Estado y el cuadro macro para el 2021 el martes y el llamado Plan de recuperación… El miércoles. Éste último con liturgia a lo Trump que puede conspirar contra la credibilidad. A partir de esas referencias, hay que construir los Presupuestos que serán analizados con esmero por las autoridades europeas, por los organismos internacionales y por los analistas y agencias de rating.

 

El siguiente paso, más importante, es el acuerdo interno del Gobierno de coalición (que parece cerca pero que no se ha concretado hasta la fecha). Un acuerdo previo a redactar el proyecto de ley que aprobado por el consejo de ministros se enviará al Parlamento para su tramitación con votación primero de las enmiendas a la totalidad y luego de las de detalle en las que se concretarán los últimos peajes exigidos por los votos minoritarios localistas que se venderán caros. El Gobierno aspira a culminar ese proceso durante las primeras semanas del año 2021, que obliga a prorrogar, ¡¡¡por tercer año consecutivo!!! los presupuestos de 2018.

Las previsiones conocidas estos días son “rayas en el agua” como ha señalado el profesor García Delgado en un recientísimo libro sobre “La economía española y la pandemia”, todo es especulativo y, probablemente, demasiado optimista por propagandístico. Sobre el techo de gasto y el cuadro macro (rayas en el agua) la experiencia sobre el cumplimiento presupuestario de los últimos años no justifican la credibilidad. Se han equivocado más de lo razonable y siempre a peor.

Los Presupuestos tienen mucha inercia, la mayor parte de las partidas están comprometidas de antemano. Pero en esta ocasión estamos ante una situación excepcional por la pandemia que ha creado márgenes y oportunidades a la hora de asignar gastos por la expectativa de los subsidios y créditos europeos que todavía precisan de una tramitación complicada e incierta pero que irán llegando a lo largo de los próximos años con mayor o menor condicionalidad.

Las previsiones que ha desvelado el Gobierno sobre los grandes números son más pesimistas que las anteriores (de abril) aunque siempre con ese tono optimista, un tanto épico, de los discursos del Presidente y de los comentarios de la Vicepresidenta Calviño que siempre lleva una recuperación en el bolsillo como su predecesora Elena Salgado llevaba un brote verde.

Las estimaciones para el 2020 cuando falta menos de un trimestre de ejecución presupuestaria son los peores de la historia, con una caída del PIB del 11,2% y una recuperación proyectada para el 2021 del 7,2% (hasta el 9, 8 si los estímulos llegan a tiempo y son efectivos) que significa no recuperar lo perdido este año. Por tanto la recuperación del PIB real de 2019 no llegará antes de finales del 2022 o un año más tarde.

Todas estas previsiones están condicionadas por el impacto de la segunda ola de la pandemia que hoy está en pleno progreso y también por la efectividad de los apoyos europeos, tal y como advierte la AIREF en su preceptivo aval de los datos oficiales, un aval otorgado con varios “no obstantes”.

Con este panorama por delante es difícil de entender que cada partido del arco parlamentario mantenga sus objetivos ideológicos en primer plano aun a costa de retrasar y complicar la adopción de una política que genere confianza a los agentes económicos y sociales que han dado muestras a lo largo de esta crisis de una clara voluntad de acordar para recuperar. ¿Qué más necesitan saber los líderes de todos los partidos para tener conciencia de la excepcionalidad y gravedad de la situación? ¿Qué hace falta para que entiendan que pasarán a la historia como los de peor desempeño del último medio siglo?