El factor humano en el conflicto judicial

El factor humano suele ser determinante en los conflictos, para crearlos, para resolverlos o para agravarlos. La buena relación entre el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, y el consejero del ramo por Madrid y portavoz de justicia del PP, Enrique López, (ambos magistrados de carrera) hizo posible rozar un acuerdo entre el partido del Gobierno y el de la oposición para renovar el Consejo del Poder Judicial y el Constitucional. Algo que hubiera relajado la polarización política en un momento en el que andamos muy necesitado. No fue posible, el factor humano no fue suficiente. Según el Gobierno el acuerdo estaba al 99%, según la oposición apenas habían empezado. En realidad habían cruzado nombres y el acuerdo parecía posible. No hubo acuerdo y se amplió el foso entre Sánchez y Casado, con efectos negativos para todos. Recomponer la negociación ahora es más complicado aunque sea muy necesario.

El Gobierno ha amagado con una ley que modifique las mayoría exigible (3/5, es decir 210 diputados) para la designación de los componentes del órgano de gobierno del Poder Judicial. Pero esa es una reforma incierta y demasiado arriesgada ya que tropieza con la literalidad de la Constitución que en su artículo 122 que dice: “elegidos… por mayoría de tres quintos”. Un precepto que tiene que ser coherente con el artículo 117 que establece: “La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, INDEPENDIENTES, INAMOVIBLES, RESPONSABLES Y sometidos únicamente al imperio de la ley”.

De la letra y espíritu del 117 han hecho caso omiso los dirigentes de los partidos que mangonean la designación de los componentes del CGPJ y del Constitucional a su conveniencia, con riesgo de prevaricación que nadie se ha atrevido a reclamarles hasta ahora. Desde Europa llega algún aviso sobre un posible desgobierno de la justicia española, que se aproxima a los casos de Polonia y Hungría que estos días preocupan en Bruselas. Pero han sido solo susurros iniciales, aviso a navegantes.

De manera que no parece posible obviar la exigencia de los tres quintos y la complicidad de la oposición. A todos interesa resolver este problema ya que dejarlo abierto solo es fuente de más problemas. Aquí también cuenta el factor humano. El Gobierno profesa una manifiesta antipatía por el actual presidente del CGPJ, Carlos Lesmes, tanto como contra la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Cabe pensar que se trata de antipatías recíprocas que cursan en el trasero de los ciudadanos, incluido el Jefe del Estado.

El despropósito de la prohibición al Rey para viajar a Barcelona, a la protocolaria entrega de despachos a los nuevos jueces, solo se entiende desde la antipatía de Moncloa y Lesmes; y la ausencia de prudencia e inteligencia de éste para bordear el conflicto que también se explica desde una pasión incontrolada. De todo ello es víctima el Rey, y también el común de los españoles. El factor humano de nuevo juega un papel al servicio del diablo.

Casado y Sánchez podrían mejorar su calificación como líderes (falta les hace) desatascando este nudo. Pueden hacerlo, deben hacerlo, nada ganan por no hacerlo. El factor humano puede jugar a favor si ponen luces largas.