La quiebra de los debates presidenciales

El primer debate presidencial para las elecciones norteamericanas del 3 de diciembre resultó insoportable; innecesario y probablemente contraproducente para ambos candidatos. Es probable que en vez de ayudarles a captar votos lo que provocó es un efecto expulsión, por la decepción de las audiencias no fanatizadas. Si buscaban inclinar indecisos lo más probable es que les hayan espantado.

No se escuchó ni una sola idea inspiradora, ni un proyecto consistente, solo una pelea de gallos sin talento, solo con osadía. Es obvio que Biden lo tenía muy difícil con un adversario que es follonero por naturaleza, que carece del más elemental principio del decoro y la buena educación, que miente de forma natural, espontánea, que no distingue entre el bien y el mal y que sufre de una insufrible y no justificada autoestima. Un pavo real que produce espanto a cuantos no comparten planteamientos. Biden tenía que evitar ser arrollado y quizá por eso fue decidido a golpear a su adversario a la menor oportunidad.

La gente de Trump aspiraba a arrinconar a Biden, someterle hasta poder sustentar que no está en condiciones de liderar un país y una crisis como la actual. No lo consiguieron, el candidato demócrata no cometió errores (sus asesores temen sus meteduras de pata o sus despistes) pero tampoco pudo acreditar su proyecto.

Si ya había dudas sobre la eficacia actual del formato de debate de candidatos gana puntos la hipótesis de que son inútiles, que convienen solo a los que los organizan más como espectáculo televisivo de entretenimiento que como ejercicio político de discusión inteligente. Los debates fueron importantes en la etapa analógica, cuando el acceso al ciudadano solo pasaba por los medios y los mítines. Ahora las redes sociales digitales propician el acercamiento y la manipulación hasta la náusea.

El formato debate influye sobre todo en sus protagonistas y en sus equipos, el elector medio lo ve de lejos y sin demasiadas expectativas. El comité organizador de los debates en los estados unidos va a tratar de encorsetar los otros debates (dos de candidatos a la presidencia y uno de los vicepresidentes) para evitar otro espectáculo como el de la noche del martes. No lo tiene fácil con un candidato desmedido como Trump que trata de arrollar todo lo que tiene delante sea persona animal o cosa. Si descaro le otorga ventaja en la pelea en el barro y sus partidarios lo ven bien, les gusta la camorra.

En España fueron interesantes los primeros debates, los que enfrentaron a Felipe y Aznar, los posteriores han sido rígidos, broncos y probablemente tan inútiles como el que protagonizaron el martes Trump y Biden. Tienen otras dos oportunidades para mejorar. Quizá el debate más interesante sea el de los candidatos a vicepresidente por la personalidad de ambos protagonistas.