Ampliar bases fiscales para crecer gasto social

Hay lumbreras en el Gobierno y aledaños que sostienen que el Estado puede aumentar el gasto social entre 5 y 10 puntos de PIB al año (de 60.000 a 120.000 millones) primero a cuenta de las ayudas europeas y después mediante aumentos de la fiscalidad que pagarán las grandes empresas y las principales fortunas. Son hipótesis poco razonables, rozan la fantasía que genera expectativas decepcionantes. Aumentar el gasto social hasta niveles equivalentes a la media europea es deseable y probablemente posible pero requiere cumplir antes unos pocos trámites que pasan por una reforma fiscal que también es posible y razonable.

Una reforma que tiene un vector clave en el aumento de las bases tributarias más que en el incremento de los tipos impositivos. Ampliar las bases liquidables eliminando buena parte de la maraña de deducciones que se han acumulado con los apaños reiterados bajo la excusa de políticas fiscales de estímulos a la inversión, a la innovación, al ahorro… todo ello muy aparente pero que responde a intereses de grupos de interés que capturan al legislador, es decir al gobierno.

Eliminar la maraña de créditos levantaría protestas de los afectados (siempre grupos de interés privilegiados) pero favorecería al común. Por eso si el gobierno asumiera el riesgo de esa reforma (alguno tendrá que hacerlo un día) debería hacerlo con ambición, en su totalidad ya que puestos a cabrear a unos cuantos mejor hacerlo de una vez. El riesgo de afectar a la recuperación económica es bajo, la mayor parte de esas deducciones son inútiles, no aportan nada apreciable al crecimiento y a la productividad.

Además de eliminar créditos fiscales va siendo hora de limpiar las bases declaradas y liquidables eliminando los sistemas de evaluación global que son una antigualla de aquellos tiempos en los que hacienda sabía poco de los contribuyentes.

En medio de la pandemia es cada día más evidente y necesario reforzar el gasto en sanidad y educación, sectores críticos que han sido maltratados durante la anterior crisis con consecuencias que ahora pasan una dura factura. Los fondos europeos, que van a estar más condicionados y controlados de lo que el gobierno pretendía cuando se puso en marcha el mecanismo, van a hacer posible financiar buena parte del déficit estratosférico de este y el próximo año, son fondos coyunturales, pero el equilibrio presupuestario español sufre de problemas estructurales desde hace más de una década.

Lo que la crisis del COVID19 ha puesto de manifiesto es que las administraciones públicas españolas no estaban tan preparadas como parecían; iban muy justas y las exigencias de la pandemia las ha desbordado. Devolverlas a la eficiencia va a requerir in versión permanente y más recursos técnicos y humanos. Y para toda esa operación la ampliación de las bases fiscales es imprescindible. Para obtener más ingresos no basta con subir los tipos a los ricos y a las grandes empresas, hay que trabajar el asunto con más maña y finura.