La “cogobernanza” ¿de qué va?

La pandemia provoca una crisis mayúscula que pone a prueba a las sociedades y sobre todo a sus dirigentes. Personajes que parecían mediocres por biografía se engrandecen en la dificultad y dirigentes que llegaban con las mejores credenciales fracasan y se disminuyen. El presidente Johnson, egresado por el asesinato de Kennedy, pertenecía al grupo de los mediocres que transformó la sociedad americana y dejó un enorme legado social y de derechos, al margen del error Vietnam. Mientras que Obama, que prometía una presidencia ilusionante, no dejó el legado que prometían sus brillantes discursos; dudaba demasiado y eso está reñido con la determinación que deja huella.

Las crisis, además de medir y pesar a los dirigentes, dan oportunidades a los discursos y a las palabras, más aun en esta época preñada de apariencias y propaganda. Desde que empezó la pandemia las decisiones oficiales han estado teñidas por no pocos eslóganes que trataban de movilizar y convencer. La mayoría de esos eslóganes han sido vacíos de contenido y, sobre todo de consecuencias.

En ese sentido la “Transición”, que ahora tratan de devaluar fue mucho más fértil. Desde la “libertad sin ira” a “Hacienda somos todos”, los mensajes de aquellos años tuvieron más impacto e influencia. Los mensajes de estos días “Salimos más fuertes”, “lo paramos unidos” “esto no es un juego”… sospecho que no pasarán a la historia por su efectividad e influencia social.

La retórica del Gobierno, especialmente del Presidente que ha encabezado la emisión de mensajes y estrategias, ha sido pródiga en palabras de madera, ausentes de emoción y de empatía con los ciudadanos. Demasiado largo, demasiado hueco, demasiado aparente.

Entre los conceptos políticos utilizados hay uno reciente que merece algunas preguntas. Me refiero a la “cogobernanza” que ha sustituido al mando único y la iniciativa gubernamental contra la pandemia. ¿Qué significa cogobernanza? Para empezar no es un concepto que haya escalado a los diccionarios o a la doctrina política y constitucional. El prefijo CO significa “hacer algo con otro”, es decir gobernar con otro, compartir responsabilidades y decisiones. Fácil de exponer y de entender aunque un poco más complicado practicarlo.

A lo largo de la pandemia uno de los argumentos a favor que ha manejado el presidente Sánchez ha sido el del número de reuniones que han mantenido tanto el Ministro de Sanidad con sus pares autonómicos y con los consejeros científicos. El número de reuniones es un dato estadístico poco relevante, algo así como en número de pases en un partido de fútbol, una estadística inútil. Lo relevante está en las decisiones y en su efectividad.

El Gobierno, los Gobiernos, han tomado muchas decisiones estos meses, quizá la mayor producción legislativa de la historia, pero su efectividad es muy dudosa. Si algún día se constituye esa comisión de encuesta que reclaman expertos prestigiosos para analizar la gestión de la epidemia podremos disponer de una idea cabal del desempeño oficial en esta crisis.

Los datos conocidos, los oficiales, disponibles sobre la evolución de la epidemia en España son malos, entre los peores. Y con esa realidad tanto la gobernanza como la elusiva cogobernanza salen malparadas, palabras de madera, como dijo un fallido presidente argentino, una “gobernanza de mierda”.