Las pensiones de Unidos Podemos

Las propuestas de Unidos Podemos suelen ser atractivas, se resumen en ganar más y trabajar menos por razones de justicia social y equidad, por mor de la igualdad. En materia de pensiones, que es un asunto de general interés para la ciudadanía, la primera oferta de Podemos en su primera aparición hace unos pocos años, era rebajar la edad de jubilación a los sesenta años. Un manifiesto disparate que duró poco en su recetario.

Ahora, ya más iniciados en los números y las proyecciones financieras, surge la pregunta que, dicen, se hizo Josep Pla ante la iluminación de Nueva York: "Y esto ¿quién lo paga?". La respuesta del libro de las gentes de Podemos es conocida: "los impuestos", más en concreto los que se evaden que estiman en unos 60.000 millones de euros. Respuesta tranquilizadora aunque lleva a otra pregunta: "Y eso, ¿cómo se hace?, ¿cuándo se recaudan esos fondos?. Por ue repartir lo que no se posee es sencillo en el papel que lo aguanta todo, pero resulta más complicado ponerlo en práctica.

El ministro de las pensiones (el título oficial es mucho más largo) que si ha estudiado los números y las proyecciones, sostiene que el sistema español de pensiones es viable a corto y medio plazo siempre que se tomen dos decisiones inmediatas:

Primero que el Estado asuma los llamados gastos impropios del sistema de pensiones, es decir las prestaciones que  no son contributivas (complementos, subsidios varios, incentivos al empleo y similares...) que el ministro estima que alcanzan los 20.000 millones al año que equivalen al déficit anual.  La propuesta es sensata, poco discutible, de hecho la han asumido los grupos en la Subcomisión del Pacto de Toledo. Solo tiene que pasar la taquilla de Hacienda que asume de buen grado asumir un gasto adicional, con el consiguiente déficit.

Segundo, retirar los incentivos a las prejubilaciones y alargar la edad de jubilación (voluntaria) hacia el horizonte de los 70 años (los 67 esta década).

Ambas medidas serían bendecidas por los acreedores del Estado, especialmente por la unión Europea que para estos años ejerce de banquero del Estado español.

Los de Podemos no están por elevar la edad de jubilación, va contra todas sus promesas anteriores que les hicieron atractivos para algunos. Pero siguen sin responder con claridad a la pregunta elemental: ¿quién lo paga?.

El ministro advierte además que en el largo plazo, hacia final de la legislatura, aparece otro problema de mayor cuantía que tiene que ver con la demografía, en concreto con la numerosa generación del baby-boom que empezará a engordar la lista de jubilados y restar la de contribuyentes. Es fácil de entender lo que significa.

Las pensiones de Podemos forman parte de los mitos y gratuidades que conducen a la frustración.