El salario de los funcionarios y el bizantinismo

Las discusiones baldías e intempestivas se califican de bizantinas. Suponen pérdida de tiempo aunque sirven para calentar la cabeza a la gente. Es el caso del debate actual sobre el sueldo de los funcionarios, y también de las pensiones públicas. Temas candentes que pueden determinar la suerte de un gobierno, su reelección. Zapatero lo sabía y se resignó a su destino. Tuvo que bajar el sueldo a los funcionarios (y suprimir pagas extras) además de congelar buena parte de las pensiones. Como se resignó ("tengo que hacerlo, cueste lo que cueste") renunció a explicar su decisión, a ejercer de político responsable. Y dejó establecido el principio de que congelar pensiones y salario de los funcionarios tiene costes políticos.

Los delicados y urgentes Presupuestos 2021 tiene que determinar pensiones y salarios de funcionarios, y en el gobierno se ha abierto un debate bizantino e incómodo. Los ministros de Podemos sostienen, cómo no, que hay que subir los salarios y las pensiones, que funcionarios y pensionistas han perdido capacidad adquisitiva con la crisis; una afirmación que no se corresponde con la realidad pero que va bien al discurso reivindicativo de los afectados y de los sindicatos que tratan de representarles.

La discusión es bizantina por cuanto la capacidad adquisitiva se tiene que estimar por el Índice de Precios al Consumo (IPC) en sus distintas nominaciones (medio del año, de fin de año, previsión del año próximo, deflactor del PIB...). En etapas de inflación media o alta (por encima del 2%) la defensa de poder adquisitivo era relevante; en etapas de inflación baja o nula (la actual, de menos del 1% durante varios años) el debate es bizantino.

Salarios públicos y pensiones subieron el año 2019 y 2020 muy poco, pero por encima de cualquiera de los índices de precios anual que se quiera considerar. Y para el futuro inmediato (un par de años o más) las previsiones de inflación son bajas, nulas de hecho. Por tanto el debate de salarios y pensiones vinculados a IPC carece de sentido, aunque el ministro de Consumo sostenga, por inercia, que hay que subir todo.

Una etapa larga de baja inflación, que tan bien va a los muy endeudados, convierte en bizantino el debate de las subidas de salarios. Sería el momento de aprovechar la situación para discutir otros aspectos de las relaciones laborales en el sector público muy necesitado de flexibilidad, de modernización, de puesta al día. Otro tanto para las pensiones sometidas hoy al riesgo grave de sostenibilidad por razones demográficas y financieras.

Discutir ahora una subida de salarios y pensiones son ganas de atar las moscas por el rabo, los problemas urgentes son otros. El gobierno debería ser capaz de liderar el debate y elaborar una agenda de prioridades realista y efectiva. No es momento para el bizantinismo.