Pedro y Pablo ¿hasta cuándo, hasta dónde?

El sueño político de Pablo Iglesias es dominar el espacio de la izquierda. Nunca lo ha ocultado y va dando pasos en esa dirección. El uniforme del Partido Comunista, al que perteneció desde su juventud, no sirve por insuficiente, aunque necesita a los comunistas para sumar. También a otros grupos varios por la izquierda que son más difíciles de pastorear. Y necesita, sobre todo, de la iniciativa y energía emocional de los movimientos populares del 15M que suman votos y relato político. Un factor clave es disponer de un poder centralizado en el líder y su grupo afín, una minoría decidida. Iglesias sabe que donde mejor se conquista el poder es desde dentro, y en eso está; en doblarle el pulso a Pedro Sánchez para lograr la hegemonía rompiendo al viejo PSOE.

El sueño político de Pedro Sánchez es la presidencia del gobierno encabezando un Partido Socialista desgarrado por sus desavenencias, pero sometido a la voluntad del nuevo líder enfrentado con una vieja dirección perdedora. Lo ha conseguido y los socialistas se lo reconocen con una lealtad que durará mientras ganen elecciones.

Los dos personajes son los protagonistas centrales de la política española en competencia y cooperación, mientras convenga. Pablo espera alcanzar la meta de encabezar la izquierda. Y Pedro aspira a mejorar su posición relativa con más diputados y más margen para construir alianzas variables y coyunturales con quienes le convengan.

De hecho a Pedro le sobra Pablo y éste quiere desahuciar al otro. Cada uno se siente más capaz y más hábil que el otro y ambos aspiran a ser el dominante. Se aliaron cuando no tenían alternativa tras la frustración de las últimas elecciones que no les dieron lo que esperaban. Pactaron en pocos minutos sin entrar en detalles, por necesidad pero sin olvidar el objetivo de representar la izquierda y gobernar.

Pablo está forzando la mano a Pedro con los Presupuestos para no perder influencia; y pedro supone que el otro no tiene más alternativa que secundar sus movimientos aunque no le gusten y le resten protagonismo. Estas semanas van a jugar el juego de máximos hasta que uno de ellos ceda. ¿Hasta cuándo y hasta dónde la tensión? Pedro ha bendecido decisiones como el extrañamiento del anterior Rey o la fusión de las cajas dejando al margen a Pablo. Y éste se lo reprocha en privado y en público y le advierte que no insista. Ahora toca el Presupuesto 2021, que es un asunto mayor, una partida en la que ambos se juegan la hegemonía. Aparentemente Pedro tiene más bazas, pero Pablo se siente más astuto.