Sánchez y el capitalismo clientelar

El modelo empresarial español, por múltiples razones que no es momento de explicar, se parece mucho al capitalismo clientelar típico, que se caracteriza por las estrechas relaciones y dependencias de las empresas de cabecera y el gobierno de turno. Empresas, muchas de ellas que fueron públicas en su día (herencia franquista y corporativista) que viven atentas al ministerio tutelar que incide con regulaciones de alto o bajo rango, incluso mediante meras indicaciones, en las decisiones y en los resultados.

Un capitalismo clientelar que tiene al sector público como comprador o contratista, en muchos casos, y como regulador en todos ellos.

De las 35 empresas cotizadas que conforman el IBEX35 más de la mitad tienen que andar muy atentos a las indicaciones oficiales si quieren prosperar; indicaciones que pueden ser razonables y ajustadas a derecho pero con márgenes de discrecionalidad demasiado amplios. Todos los responsables de esas empresas muy reguladas, y también de las menos reguladas, saben que distanciarse del gobierno no les trae a cuenta, no es bueno para el futuro del negocio.

El lunes el presidente Sánchez convocó a un acto público a los ejecutivos de esas empresas que componen el núcleo duro del capitalismo clientelar que respondieron con diligencia a la cita. Añadieron algunos otros figurantes para completar unas imágenes para la propaganda. De la asistencia de directivos de empresas algún analista político de la última hornada concluyó que se trataba de éxito del presidente y una prueba de su fortaleza política.

Que los directivos de las grandes empresas acudan a las citas del Presidente de turno forma parte de la naturaleza de las cosas, no es noticia. La noticia sería que no asistieran. Los presidentes de las empresas tienden a estar de acuerdo con el gobierno incluso cuando no están de acuerdo y los más descarados razonan que el elogio nunca es suficiente para un alto cargo provisional, siempre aspira a más.

El derroche legislativo de este gobierno, por razones de emergencias, pero también por una voluntad intervencionista de la mejor escuela, carece de precedentes. Una producción legislativa de urgencia que apenas ha pasado por el trámite parlamentario por la debilidad del gobierno de coalición que el Presidente califica de fuerte y resistente sin entrar en el detalle de los números.

El relato político actual se sustenta en el hábito de las reuniones, con pocos papeles, con pocos proyectos, se trata de reunirse como si se tratara de un fin que produce resultados; una muestra de conversación y diálogo sin que importen los contenidos ni las conclusiones.