Los colegios: factor crítico inmediato 

La ministra de Educación aseguró semanas atrás con rotundidad que el curso escolar empezará con presencia física de alumnos y profesores, con la normalidad que sea compatible con la gestión de la pandemia. A partir de esa declaración cada autonomía y cada entidad escolar prepara los protocolos adecuados para convivir con el virus.

Pero las familias se preguntan qué ocurrirá la segunda semana de septiembre, cuando los colegios deben abrir sus puertas preparados para lo que estamos llamando "nueva realidad". Algunos han recibido información detallada de como habrá que comportarse en el colegio, pero otros solo saben lo que les cuentan los medios informativos que tiende a ser parcial y confuso.

Los sindicatos de profesores y personal no docente reclaman seguridad, medidas, recursos y no hay pruebas de que las autoridades educativas sean capaces de satisfacer sus exigencias. Y solo faltan tres semanas para que los colegios reciban a varios millones de alumnos con garantías razonables de seguridad y de buena gestión de la pandemia.

Para las familias y para la economía general la apertura de los colegios y su funcionamiento regular es decisivo. Sin colegios estaremos muy cerca del confinamiento de hecho, si los alumnos tienen que quedarse en casa sus padres tendrán que limitar su activ9dad laboral con consecuencias incalculables para el proceso productivo.

Fernando Simón, el experto-portavoz oficial dice que si hay que cerrar los colegios se cierran. Debe estimar que así muestra autoridad y firmeza, aunque lo que traslada es todo lo contrario, una mezcla de jactancia y despiste; ausencia de realismo y de análisis de las consecuencias de cada decisión.

En todos los países la gestión de los colegios aparece como una cuestión clave, saben que dan la medida del impacto de la pandemia en la vida cotidiana. En el caso español no se perciben ideas claras, determinación efectiva en la gestión escolar que está más descentralizada aun que la gestión sanitaria.

Los alumnos ya han perdido medio curso escolar con efectos perversos sobre la igualdad de oportunidades. No empezar el nuevo curso con razonable regularidad tendrá consecuencias educativas de difícil reparación, añadidas a los perversos efectos sociales, familiares y económicos de la anormalidad.

¿Es consciente el gobierno, las distintas administraciones afectadas,  del desafío escolar? ¿Se ocupa de dar respuesta al problema? Es probable que lo esté haciendo, pero también hay dudas razonables e inquietantes.