Pelear con los Ayuntamientos no es inteligente

Abel Caballero es un político veterano y experimentado que ha pasado por todas las administraciones tras una carrera académica de éxito. En la alcaldía de Vigo se le ve cómodo y feliz, ha combinado el populismo bueno con un socialismo pragmático, navegando por la aguas turbulentas del partido con buen sentido de la orientación, transitando de Felipe a Zapatero y ahora a Sánchez con instinto de supervivencia como pocos.

Además de gobernar Vigo, que no es plaza fácil, durante cuatro legislaturas, las dos últimas con mayoría absoluta, preside la Federación de Municipios con muy exigua mayoría (depende de grupos minoritarios) desde 2015. Abel Caballero es prudente (gallego) en sus determinaciones, predica el consenso y reclama diálogo, entendimiento. Pero estos últimos días ha fracasado en la búsqueda del pacto municipal para disponer de los excedentes de tesorería de los Ayuntamientos: 15.000 millones de euros acumulados durante la última década por imperativo de una ley de estabilidad del PP que ha limitado el gasto municipal y su endeudamiento.

El ministerio de Hacienda (muy necesitado de recursos) puso sus ojos (y las manos) en  esos fondos municipales y a través de Caballero ha logrado un acuerdo pírrico (voto de calidad del presidente de la FEM) para apropiarse de los 15.000 millones, a cambio de una entrega de 5.000 millones de inmediato y de una amortización a larguísimo plazo del total. Solo los ayuntamientos socialistas aceptan el canje por disciplina de partido, mientras que todos los demás están dispuestos a la resistencia activa para evitar que el Gobierno central se quede con su dinero.

Resistirán en el Parlamento, donde el PSOE tendrá que esmerarse mucho (pagar peajes) para evitar una derrota. También los tribunales a los que los alcaldes van a recurrir para evitar lo que consideran un expolio. En resumen un conflicto político que puede traer mucho ruido y alguna sorpresa.

Abel Caballero ha querido ser leal al partido y al gobierno y ha negociado con sus colegas municipales para alcanzar un acuerdo. No lo ha conseguido y con el uso del voto dirimente ha fracturado la Federación y ha roto la doctrina del acuerdo que predica en cuanto puede.

El Gobierno Sánchez no ha salido bien parado de la confrontación con los gobiernos autonómicos a pesar de la veintena de conferencias de Presidentes. La situación actual está más deteriorada que antes y la coordinación para gestionar la pandemia no ha funcionado. Ha faltado maña y autoridad y ha sobrado gesticulación y apariencia.

Los ayuntamientos no suelen ser protagonistas de la "gran política" pero son mansos peligrosos, Hace un siglo protagonizaron el fracaso del gobierno Maura que aspiraba a estabilidad y reformas. A Sánchez no le interesa un conflicto municipal en la actual coyuntura de tensiones institucionales a todos los niveles. Quince mil millones es mucho dinero pero no justifica una crisis política de consecuencias que no es fácil estimar. Con la que está cayendo añadir otro frente de confrontación puede ser excesivo, pírrico.