El comprometido futuro de las Pensiones 

Al Tribunal de Cuentas los políticos no le suelen hacer el menor caso, ni el Gobierno ni el Parlamento; tampoco los medios de comunicacion. En realidad el organismo ha hecho méritos para ello ya que sus informes, siempre retrasados, tienden a pasar desapercibidos, incluso cuando llaman la atención con fundamento sobre la evolución de las cuentas públicas. El artículo 136 de la Constitución precisa las tareas del Tribunal como "supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado..." pero el desempeño es irrelevante. Hace sus informes pero cuentan poco; su autoridad moral es modesta, ni se le escucha, no se le encarga, tampoco intenta hacerse oír.

La AIREF (Autoridad Independiente de responsabilidad Fiscal) nacida este siglo por exigencias europeas (una de las condiciones del rescate financiero) ha ocupado el espacio que el Tribunal nunca ocupó aunque forma parte de sus responsabilidades y objetivos.

Estas semana se ha publicado el Informe preceptivo del Tribunal sobre las cuentas de la Seguridad Social (las pensiones) referidas al ejercicio 201. El Informe es alarmante, no podía ser de otra manera porque la situación del sistema de pensiones es preocupante aunque el gobierno ha decidido que no es momento de abrir ese melón porque puede exigir ese tipo de decisiones que llevan a perder unas elecciones.

El gobierno puede evadirse del problema, pero no por ello se resuelve solo; todo lo contrario cada mes que pasa se hace más grande y la respuesta, la solución, se complica. Acumular año tras año un déficit de punto y medio de PIB (creciendo) sin tomar más decisiones que habilitar créditos del tesoro al sistema permite aplazar, tapar, disimular... pero el dinosaurio sigue allí, cada vez más grueso y amenazante.

El ministro de la Seguridad Social, que conoce los números con decimales, predica que el sistema es viable... aunque sin advertir que solo si se toman las medidas necesarias (y conocidas) para que así sea. Y esas medidas imponen exigencias y renuncias por razones demográficas, económicas y financieras. El ministro sabe lo que hay que hacer, pero espera su oportunidad; tanto que se le puede pasar el arroz hasta convertir la paella en incomestible.

El Pacto de Toledo que propició la sostenibilidad del sistema está averiado, es inservible: Las dos últimas reformas se hicieron al margen del Pacto y buena parte de las mismas se han desactivado u olvidado. El Tribunal de Cuentas ha hecho su trabajo, ha lanzado la advertencia debida, pero no le van a hacer el menor caso, su informe dormirá en los cajones oficiales y el Parlamento no se dará por enterado, es un problema demasiado complicado.

El futuro del sistema de pensiones se complica un poco más cada mes que pasa, se aplican parches que alivian sin curar.