Sánchez califica su gobierno de: "activo, ejecutivo y resuelto" 

No uno sino tres calificativos utilizó Pedro Sánchez ante los periodistas para valorar la acción de su gobierno y, consiguientemente, su propio  desempeño como presidente del gobierno. Nunca ha sido tímido, ni discreto, ni modesto, a la hora de ponderar su trabajo político; debe pensar que si uno mismo no se valora no puede esperar que lo hagan los demás. Un caso para estudio psicológico.

Para sostener que estamos ante un gobierno "activo, ejecutivo  y resuelto" (todos calificativos con un fondo positivo, apreciable y  estimulante) el presidente argumenta con datos: ¡87 conferencias sectoriales, 15 conferencias de de presidentes autonómicos, decenas de decretos, centenares de órdenes ministeriales, trabajo de día y de noche de los ministros...!, pero son datos poco relevantes desde el punto de vista de la eficacia. Muchas reuniones, muchas horas, muchos debate... lo que cuenta es que el gato cace ratones, según la teoría de Deng Xiaoping, uno de los personajes más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Y en materia de ratones la tarjeta de resultados del gobierno no es muy lucida.

El presidente a la hora de valorar su trabajo podía haberse planteado una pregunta sencilla: ¿Están los españoles en mejor situación hoy que hace dos años, cuando Sánchez llegó al gobierno? y la respuesta es obvia, aunque no se puede perder de vista que la coyuntura cuenta, que la pandemia pesa mucho a la hora de ponderar la acción del gobierno.

Antes de la pandemia, durante el primer gobierno Sánchez el desempeño fue mediocre, El segundo gobierno tropezó con la pandemia desde el segundo mes y la valoración de su gestión de la crisis está por escribir, aunque hay los datos conocidos no son buenos, España está entre los países más perjudicados por la pandemia tanto desde el punto de vista sanitario como desde el económico.

El presidente no muestra la más mínima aceptación de autocrítica, la deja para la oposición que suele esmerarse sin miramientos. Sin embargo reconoció sin que nadie le empujara a hacerlo dos debilidades que desmerecen todo el autoelogio: primero que su posición parlamentaria es débil, 155 diputados, (con 35 en posiciones distantes), dan para poco. Ese es un dato. Y segundo que este y el anterior gobierno Sánchez no han podido aprobar un Presupuesto y están somentido9s a dos prórrogas.

Por eso (el presidente suele utilizar la muletilla "en consecuencia" o "por tanto" para añadir valor a sus conclusiones que suelen tener sustentos poco sólidos. Finalmente la insistencia en la reserva s9bre sus conversaciones con el Rey tiene sentido aunque tropieza con un contraargumento: el gobierno responde de los actos del Jefe del Estado que están sometidos al deber de transparencia. El gobierno debe saber dónde está el anterior Rey, especialmente si pasa por el riesgo de tener que dar explicaciones a la fiscalía o a la inspección de Hacienda.