El Santander limpia los trasteros

El Santander ha sido tradicionalmente un banco audaz, atrevido, por delante de los demás y sin miedo a las consecuencias. Lo fue hace casi un siglo comprando a su competidor local que era más grande de tamaño, también cuando optó a la subasta de Banesto con el precio más alto por mucho y también cuando se quedó el Popular por un euro (más 7.000 millones añadidos). Este año, quizá el más agobiante para el sector tras una década de sobresaltos, la audacia del Santander va a ser reportar a los accionistas y al mercado unas pérdidas contables monumentales que cargará contra recursos propios, contra patrimonio contabilizado. La contrapartida es una limpieza de esos trasteros en los que las entidades grandes y viejas acumulan activos de dudosa valoración y nula rentabilidad. Limpieza de una vez y a fondo que se hace en un ejercicio en el que los reguladores no les dejan ni respirar y en el que los inversores no van a colocar a los bancos entre sus títulos interesantes para comprar; así que más vale hacer reparaciones y prepararse para un futuro más prometedor.

Keynes advirtió que en la mente de muchos gobernantes anidan ideas de viejos economistas equivocados. Y luego pasa lo que pasa. En estos gobernantes de la izquierda progresista (y rancia) actual anida la idea del capital financiero al que hay que someter y del que se pueden extraer recursos para sus compromisos de gasto. Un impuesto a la banca para resolver los problemas presupuestarios. ¡Que devuelvan los 60.000 millones del rescate”, claman a la menor oportunidad, sin percibir que fue el rescate de los depositantes de entidades (cajas de ahorro) que habían perdido su capital y algo más. Errores de juicio por falta de realismo y de conocimiento, la banca no está para que la expriman, está exprimida.

Con el precio del dinero por los suelos los bancos son un negocio de alto riesgo; además el sector está regulado hasta casi la intervención. Sus márgenes son irrelevantes y sus cotizaciones de mercado están muy debajo de su valor en libros: ni presente ni futuro a corto plazo. Su óptimo es sobrevivir ajustando sus costes de forma permanente, adaptándose al cámbiate marco regulatorio para evitar precipicios. Hace diez años tuvo que vender sus oficinas para liberar capital y ahora tiene que adquirirlas para evitar contabilizar gastos futuros comprometidos por alquileres. En resumen un sinvivir.

En el Santander han concluido que si el BCE no les permitirá repartir dividendos por los resultados de este año, ¿para qué contabilizar beneficios inútiles? Se abría así la oportunidad de limpiar el balance y prepararlo para tiempos mejores. Un gesto atrevido que indica autoestima y confianza de los directivos del banco. Reportar unas pérdidas que no tienen precedentes en un tiempo que se caracteriza por que no hay precedentes, puede ser un ejercicio de audacia y una oportunidad. El tiempo dirá si se trata de un acierto sin precedentes. Limpiar los trasteros puede ser la mejor opción en tiempos inciertos.