Y ahora los Presupuestos 2021

"Histórico", "sin precedentes"... son las expresiones frecuentes estos días a cuenta de la pandemia y también de la respuesta de la Unión Europea a la recesión provocada por el virus. El "deal" que anunció de madrugada el Presidente de la Consejo de Europa, concretado en un documento de 68 páginas (9 de conclusiones con 33 puntos y 59 de anexos con 153 apartados) que habrá que analizar con calma y mucha atención a los detalles, era inevitable, la hipótesis del "no acuerno", suponía un fracaso inasumible para los jefes de gobierno. Repetir un shock como el de la fracasada Constitución Europea suponía una línea roja infranqueable. Cabía prolongar la cumbre varios días (la más larga de la historia de la Unión) para dar oportunidad a los socios de escenificar protagonismo de cara a su electorado, pero hasta cierto punto, hasta la madrugada del lunes/martes.

Los epígrafes gruesos del Acuerdo no difieren sustancialmente de la propuesta inicial, aunque el diablo está en los detalles, en la letra menuda. El liderazgo franco-alemán se ha impuesto con más disimulo que en otras ocasiones, pero también se ha escenificado que los pequeños tienen voz y un hipotético veto que nadie se ha atrevido a disparar. Quedan ahora las ratificaciones nacionales, que no deben suponer problema, y luego la puesta en marcha de Programa que no debe demorarse más allá de finales de año, para que surta efecto el año 2021.

España ha jugado papel secundario, a la vera de Italia, pero relevante ya que va a ser uno de los países más beneficiados del Programa. Imaginar ahora cómo afrontar la crisis fuera del Club de la Unión Europea produce escalofríos. Levantar la voz contra la Unión Europea me parece que va del sacrilegio a la estupidez. Los eurófobos y los euroescépticos deben hacérselo ver, sus tesis no aguantan una ronda de debate, no son alternativa razonable.

La cuestión ahora es entrar en materia, es decir empezar a dibujar los Presupuestos 2021 que no pueden ser de continuidad, sino radicalmente nuevos y ambiciosos. España afronta una gran oportunidad para la que no está preparada con el maco político actual de confrontación y polarización. Los recursos adicionales que aporta Europa permiten desplegar proyectos y ambiciones que eran inabordables hace pocos meses. Claro que hay que acertar a la hora de diseñar esas ambiciones y concretar las oportunidades.

Una tarea que excede la capacidad de un partido o de un gobierno, ya que requiere un consenso más amplio para ilusionar a la ciudadanía y, también, para recuperar la credibilidad ante los socios que van a revisar las políticas presupuestarias de todos los países, especialmente de los que van a recibir las partidas mayores de apoyo.

El gobierno Sánchez puede hacer un Presupuesto cómodo, al viejo estilo, con trampantojos y números voluntaristas. Sería un error grave, histórico, por utilizar un calificativo de moda. O puede plantearse algo ambicioso y trascendental, a la atura del momento, de las necesidades y de las oportunidades.

La imagen oficial de los ministros aplaudiendo a su jefe a la entrada del Consejo de Ministros resulta inquietante, vender como inteligente el perfil bajo en la cumbre es pueril. Estos momentos son para gente adulta, seria y responsable, gente capaz de motivar, movilizar y pensar en país más que votos.