Se alquila, se vende, se traspasa…

El recorrido por las calles de las ciudades, los escaparates, traslada una imagen cabal del estado de ánimo de la sociedad y de la evolución de la economía. Provoca impresiones y sentimientos, no aporta un dato solvente que sirva para el cuadro macroeconómico, no ofrece una visión consistente y fiable, aunque traslada una imagen poderosa.

Estos días la imagen es inquietante; superado el confinamiento estricto (probablemente el más estricto del continente), los comercios iniciaron la reapertura condicionada por los requerimientos de la pandemia, ahora vemos colas en las calles para entrar en los comercios, horarios limitados, y demasiadas persianas bajadas. También demasiados carteles con la leyenda: SE TRAPASA; SE VENDE; SE ALQUILA; LIQUIDACIÓN POR JUBILACIÓN y otros de semejantes tenor; incluso he visto uno en una tienda de ropa que dice: “Volvemos el 1 de marzo de 2021”, sin explicaciones adicionales.

Muchas de las reaperturas se hacen a medio gas, con la mitad de la plantilla, con horarios reducidos o con la pretensión de palpar el mercado y estimar las posibilidades a partir del verano. Casi la mitad de los empleos acogidos desde marzo a ERTES de distinta intensidad siguen en vigor y pueden continuar hasta septiembre. Y muchos autónomos están lejos de recuperar el nivel de actividad previo a la crisis. Y el rosario de cierres de negocios y de despidos sigue su curso.

El ahorro de las familias aumenta con merma del consumo, y al mismo tiempo, los ingresos familiares se reducen en muchos casos. Solo funcionarios, pensionistas y empleados de empresas fuertes que han resistido la crisis mantienen sus niveles de ingresos con una mayor propensión al ahorro que al consumo, por razones obvias de prudencia y previsión.

La imagen de los escaparates de demasiadas calles, céntricas y periféricas, es llamativa y triste. Detrás de cada cartel de oferta del local hay una frustración por causas ajenas al buen o mal desempeño del comerciante. Y no se aprecia renovación. No se nota el fenómeno de la destrucción creativa, el relevo del modelo fracaso-oportunidad.

Es prematuro establecer una conclusión permanente; no es posible medir la profundidad de la crisis, aunque es evidente que ya es profunda y que la ilusión de la recuperación en V solo está al alcance de los muy fuertes. Se recupera en V Inditex, que no ha precisado ninguna ayuda oficial y además ha ayudado al común manteniendo todos sus salarios y contribuyendo al suministro de material sanitario con diligencia y eficacia. Pero los casos Inditex son excepcionales, la mayor parte de la trama empresarial es débil, vive al día y necesitará mucha ayuda para salir a flote.

Un informe de FUNCAS advertía esta semana que los fondos públicos dispuestos para hacer frente a la crisis están entre los más modestos del continente. Y no por falta de ganas del gobierno, más bien por carencia de recursos. El monto de la deuda y del déficit públicos que soporta la economía española es de los más lesivas de la Unión Europea, y eso tiene consecuencias.

La imagen de la calle no es estimulante, aunque es prematura extraer conclusiones, hasta pasado el verano hay tiempo para la recuperación aunque volver a las tasas de principios de año va a necesitar de varios trimestres y de buenas políticas que no están ni dibujadas. La clave no radica en las condiciones que ponga Europa por sus subsidios y créditos, la clave está en la buena utilización de esos recursos; es decir saber gastar e invertir.