Incomprensible gestión de datos

El Gobierno solo tiene una justificación (aparente) de la fallida gestión estadística de la pandemia: a otros países les ha pasado algo parecido. Es una justificación débil, porque no es seguro que otros países (serios) hayan hecho algo parecido, y además se trata de la excusa del mal pagador, lo que otros hagan no redime los errores propios. Desde primera hora la gestión estadística fue confusa y a medida que pasaban las semanas el panorama se fue complicando hasta el absurdo.

Lo absurdo lo materializó esta semana el portavoz oficial Fernando Simón cuando a la enésima pregunta sobre el número de fallecidos en residencias contestó que esa no era materia de su competencia, y que su departamento sigue trabajando en la consolidación de los datos que envían (o no envían) las comunidades autónomas.

No acertar (o no saber) contar es una pésima señal de competencia. Fracasar en el conteo es garantía de fracaso. Fernando Simón se excusó con el argumento de que a él le duele tanto la pérdida de la primera vida como la de la 28.000, argumento inquietante para una persona a la que se atribuye conocimiento científico. La cifra de víctimas no es inocente, es muy relevante. Máxime cuando es uno de los datos que reclaman los organismos multinacionales y las entidades académicas y científicas dedicadas al análisis de la pandemia y a la propuesta de alternativas.

Desde primera hora el gobierno e atascó con las cifras, en vez de encomendar el trabajo estadístico a alguien capacitado, por ejemplo el Instituto Nacional de Estadística que dispone de los recursos humanos y la experiencia para ese trabajo, decidió que fuera el ministerio de Sanidad responsable de esa tarea y de su difusión. El Ministerio no estaba capacitado ni siquiera dotado de personal para ese trabajo. Además parecía aconsejable encomendar esa tarea a profesionales con razonable independencia y neutralidad.

Peor aun, cuando el INE mostró interesar por ayudar elaboró una “Estadística experimental sobre Estimación semanal de defunciones durante el brote de Covid-19 (EDeS)” que solo llegó a publicar en una nota pública el 3 de junio con datos, con explicación metodológica y con un calendario, según el cual publicarían notas informativas cada dos semanas (miércoles salvo festivos) con datos de diez días antes. Desde el miércoles 3 de junio han pasado los miércoles 17 de junio y 1 de julio sin que el INE haya cumplido su compromiso. Del EDeS no hemos vuelto a tener noticia. Su único informe señala que las defunciones registradas hasta mediados de mayo superaban en 44.000 personas a las del año anterior para el mismo período.

El registro de fallecimientos que elabora el Instituto Carlos III también acreditaba un exceso de 43.000 fallecidos entre 17 de marzo y 22 de mayo en su informe de 28 de mayo y de 44.500 en el de 28 de junio referido al mismo período (17.3 al 22.5). Los informes MOMO del Carlos III se han atascado. Nadie lo ha explicado.

Los comentarios de Fernando Simón sobre los datos son lamentables, tanto o más que los del propio Ministro y del mismo Presidente que reiteran una transparencia sin mácula cuando la realidad acredita noche y bruma. ¿Puede convivir con semejante contradicción gente con un mínimo de seriedad y formación? Parece que sí, lo cual lleva a pensar que estamos ante disimulos que se aproximan al engaño por razones inquietantes.

Cuando fracasa el conteo aparecen los cuentos que alejan la realidad. El próximo 16 se celebrará el homenaje a las víctimas, ¿cuántas víctimas? ¿Es lo mismo 28.000 que 45.000? la diferencia va de ser de los peores al peor. Mucha diferencia.