Descongelada la mitad de la economía congelada

La receta aplicada en España desde el 14 de marzo para combatir la pandemia fue el confinamiento de las personas y la consiguiente hibernación de buena parte de la economía, más del 20% de los empleos por cuenta ajena y buena parte de los autónomos sufrieron mermas muy sensibles de sus contratos desde marzo. Un fenómeno sin precedentes, abordado sin experiencia ni preparación y cuyas consecuencias a medio y largo plazo no conocemos en estos momentos. El Gobierno respondió con diligencia y con la conformidad de sindicatos y patronales para proveer de liquidez a las empresas y de subsidios de paro a los empleados suspendidos por fuerza mayor.

Cualquier otro tratamiento que no pasara por el confinamiento, más o menos riguroso, ha dado en otros países perores resultados en términos de coste en vidas por la pandemia. El Gobierno aplicó el confinamiento hasta el verano con una estrategia posterior de recuperación progresiva (desescalada) hasta una libre circulación de personas y de reapertura de las actividades clausuradas.

Los datos de empleo al final de junio registran casi un millón de empleos perdidos desde el 14 de marzo y 1,8 millones de empleos que siguen suspendidos y amparados baja la figura de los ERTES que cubren una parte del salario ordinario (entre el 50 y el 70%). A lo largo del último mes y medio, durante la descongelación de la hibernación millón y medio de asalariados han recuperado su empleo, de manera que la mitad de los empleos suspendidos han recuperado su vigencia.

De momento la aplicación de la fuerza mayor como causa para suspender el empleo está prorrogada hasta finales de septiembre, tres meses para alcanzar la llamada nueva normalidad”. A finales de septiembre, con los datos del segundo semestre que serán los peores con mucho de la historia, la economía española presentará su cuadro de situación que permitirá medir el efecto directo de la pandemia.

La recuperación suele tener un efecto inmediato de rebote que en ningún caso va a dibujar la famosa V a la que aspiraba el gobierno. Las estimaciones más recientes apuntan a que hasta entrado el año 2022 se podrá recuperar las tasas de actividad de finales de 2019, y eso siempre y cuando los rebrotes de la pandemia no compliquen la recuperación. De momento se ha descongelado la mitad de lo hibernado, lo más superficial pero queda mucho por recuperar y hay motivos para estimar que buena parte será irrecuperable.

Mucho va a depender la eficacia de la política económica que despliegue el gobierno y del grado de credibilidad que consiga de los agentes económicos. De momento la apuesta oficial radica en las ayudas de la Unión Europea que pueden tropezar con el obstáculo de la ausencia de planes nacionales creíbles de recuperación, planes que precisan un espíritu reformista que tenga como objetivo prioritario la productividad. No se trata tanto de repartir la tarta, como de producirla.