La recuperación pendiente de los brotes

¿Cuándo acabará la pandemia? Nadie lo sabe, y los científicos son los primeros en advertirlo. El relato que ha sostenido el Presidente del Gobierno a lo largo de sus homilías sabatinas secuenciaba las fases: primero doblar la curva, luego estabilizar, y finalmente esperar la llegada de los tratamientos eficaces y las vacunas. Y entre tanto distancia social, higiene, contención y si las cosas se complican confinamiento. Una secuencia muy lógica que solo concluye con las vacunas eficaces que, probablemente llegarán pero que siguen en espera, con calendarios acelerados pero sin concreción.

De manera que no hay ningún dato para proclamar que la pandemia está superada, que los virus han acabado su carrera criminal. Entre tanto hay que convivir con el problema tomando las medidas de prudencia que recomiendan los expertos. Durante “el entretanto” la experiencia médica para detectar la enfermedad y tratarla con algunas posibilidades de éxito mitiga sus efectos.

El riesgo de recaída, de una segunda y hasta una tercera vuelta de expansión del virus, sigue vivo. La historia apunta que esas rondas sucesivas son posibles, ocurrió en 1918, con una segunda oleada en otoño de ese año y una tercera durante la primavera de 1919, tan dañinas o más que la primera ronda. No hay razones para estimar que vuelva a ocurrir, pero es posible. E insisto en que la preparación actual de los sanitarios es importante y mejora con el paso del tiempo.

Lo que ahora agobia tanto como la pandemia es la recesión, la epidemia económica. Las estimaciones de los organizaciones internacionales (FMI, Bancos centrales OCDE…) son pesimistas. Es lógico, con la información disponible de los últimos 60 días el panorama es pésimo. Pero hay señales de que el retorno de la actividad se acelera por días. Crece el número de comercios, empresas y profesionales que se reincorporan con voluntad de recuperar lo perdido. Y la formaleza de esa recuperación, que es micro y acumulativa, solo podremos medirla con el paso de los meses. Depende de la gestión del verano, de la evolución del turismo, de la recuperación del tráfico aéreo, del levantamiento de los confinamientos parciales… muchas variables que son difíciles de introducir en las estimaciones económicas.

Un dato poco discutible es que si se intensifican los brotes infecciosos habrá que volver a las reclusiones, aunque sean parciales, y la recuperación económica puede abortar. La gestión de esos brotes es determinante, una tarea que compete a los gobiernos pero también a las personas y a su responsabilidad. La autoridad de los gobiernos está deteriorada, no son capaces de convencer, de persuadir; y las medidas coercitivas que dieron resultados (el confinamiento) tienen riesgo de ineficacia. Las apelaciones a la responsabilidad individual requieren prescriptores más persuasivos, con más autoridad moral que la de Sánchez-Illa-Simón ¿Existen esos persuasores?